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miércoles, 10 de noviembre de 2021

RESEÑA (by MH) ::: LA BRUJA - Jules Michelet


 
 
 
Título original: La Sorcière
Autor: Jules Michelet
Editorial: Akal
Traducción: Rosina Lajo y Mª Victoria Fríjola
Páginas: 384
Fecha publicación original: 1862
Fecha esta edición (3ª reimpresión): 2019
Encuadernación: bolsillo
Precio: 12,50 euros
Diseño de cubierta: RAG



El estudio de Michelet sobre las brujas constituye un clásico indiscutible en la materia. En sus distintos capítulos se ofrece un completo análisis sobre la figura de la bruja y los rituales a ella vinculados (pactos con Satán, aquelarres, misas negras) a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna europea. Asimismo, se incluyen numerosos datos sobre los principales procesos de brujería de los siglo XVII y XVIII (País Vasco, Loudun, etc.). Todo ello hace de este libro, en palabras de la "Encyclopaedia Britannica", "la obra más importante sobre supersticiones medievales escrita hasta la fecha".

Esta que os traigo hoy, La bruja, de Jules Michelet, fue mi lectura del mes de agosto para el reto de Hermanas Fatídicas en el apartado de no ficción (estamos en noviembre, lo sé... se hace lo que se puede). Tuve la suerte de compartir la lectura con Mónica, mi compinche en estos temas brujiles, que como buena historiadora que es sabe ver donde una profana como yo no ve... aun así (tal y como me pasó con Memorias de una suegra) hace ya unos tres meses que leí el libro y, como suele ser habitual en mí, no tomé notas, así que intentaré dar una idea general de la obra aunque no pueda adentrarme en datos concretos.

Cuando Michelet decidió embarcarse en la redacción de La bruja se hallaba inmerso en la que fue su obra magna, Historia de Francia. Sus conocidos se llevaron las manos a la cabeza, ¿en qué estaba pensando? ¡Mira que dejar aparcado algo tan importante como la historia de Francia para hablar de mujeres y, para colmo, brujas! Pero a Michelet todo esto le entró por un oído y le salió por el otro, y se puso manos a la obra. En apenas dos meses tenía ya redactada buena parte de la obra final, y solo vio interrumpido su trabajo durante un tiempo por la muerte de su hijo. 
 
Michelet comienza a tirar de los hilos de la bruja en la Edad Media, pues no es hasta el siglo XII que Satán toma su carácter definitivo, y Satán y la bruja van cogidos de la mano. Si Satán no existía de manera incontestable, tampoco podían hacerlo sus súbditos. Se le da forma corpórea, se le da el poder de torturar a los pecadores, de atormentar sus cuerpos y sus almas y de asaltar e intentar tomar lo que no es suyo... y al final acaba en el cuerpo de aquellas mujeres que no son capaces de resistir sus embates y se convierten en brujas, brujas que tienen al diablo dentro simplemente por ser más fuertes que los hombres, por tener una personalidad predominante en unos años oscuros en que la mujer era menos que nada, por hacer alarde de unos conocimientos medicinales superiores a los de sus coetáneos o por tener una inteligencia que no se le presupone a su género.

Michelet creía que, en pleno siglo XVIII, todas aquellas mujeres que fueron torturadas, vejadas, denigradas, humilladas y en miles de casos asesinadas no importaban a nadie, que su memoria seguía estando manchada, así que basó su exposición en el celo de la religión a la hora de perseguir a miles de mujeres inocentes y como esto influyó en la transformación del papel de la mujer en la sociedad desde la Edad Media hasta el siglo XVIII y propició el nacimiento del rol de bruja como forma de señalar y estigmatizar a aquellas que con esos mismos dones ahora perseguidos habían sido consideradas pilares fundamentales de su sociedad en épocas ancestrales. Es decir, que este libro destaca principalmente por algo que a día de hoy puede parecer normal pero que en el siglo XVIII (y el mundo académico en que Michelet se movía) no lo era. En La bruja la mujer lo es todo porque Michelet, en arduas investigaciones para otros ensayos, se topaba constantemente con información sobre hechos que él consideró que necesitaban visibilización. Y se puso manos a la obra contra viento y marea y la opinión escandalizada de sus colegas.

La segunda mitad del libro toma un viraje completamente distinto, deja  a un lado la perspectiva más general del asunto y se adentra en varios casos concretos y reales de juicio por brujería
, y a cada uno de ellos le dedica varios capítulos. Aquí asistimos a sucesos ocurridos ya en los siglos XVII y XVIII, casi todos ellos bajo el auspicio de distintas órdenes religiosas que, una vez leídos, dejan patente que bajo acusaciones de brujería se escondían realmente abusos de poder, abusos sexuales y un incontestable servilismo por parte de aquellos que podían haber hecho algo por evitarlo. Farsas, charlatanería y el deseo de llamar la atención también formaban parte de la mixtura subyacente a estas situaciones que en ocasiones se alargaban durante meses.

La bruja de Michelet es un ensayo magnífico, y el estilo de su autor no solo destila cierta vena poética, sino que es entretenido, ameno e irónico hasta el punto de sacarte algunas sonrisas cuando se le suelta la lengua (es gracioso criticando, vaya). Michelet tenía unos puntos de vista muy definidos y definitivos sobre la religión, la ética y la política que impregnan toda la obra, pero precisamente lo que hace especial a Michelet es su impronta personal, su forma de contar las cosas y ese lenguaje a medio camino entre lo pintoresco y lo idílico. 
 
En la primera mitad del libro despliega su vasta investigación sobre la Edad Media al tiempo que intercala capítulos que derrochan imaginación; la segunda mitad del libro despliega los resultados de esa misma vasta investigación pero intercala una suerte de hechos narrados de tal manera que parecen novelados y que usa para dar fuerza a lo que cuenta. Todo este batiburrillo, que puede parecer incongruente, no lo es en absoluto: es lo que dota de personalidad propia al estilo de Michelet y, aun siendo al parecer una anomalía dentro del resto de su obra, creo que da buena muestra de su particular punto de vista sobre sus áreas de interés y los hechos históricos que relata (y ya que estamos, sobre los puntos de vista de los demás, con los que no suele estar de acuerdo y así lo dice sin pelos en la lengua. Sus notas a pie de página, por cierto, son fantásticas).
 
Aquelarres, misas negras, hechizos, posesiones, la Santa Inquisición y El martillo de las brujas...
Aun así aviso que, bajo mi punto de vista, quien se acerque a este libro debe tener claro que el concepto mismo en que se sustenta es histórico y Michelet está reconocido precisamente por su rigor como autor y, aunque en este libro la prosa a ratos sea pintoresca y juguetona de manera intencionada (sobre todo en los albores de la bruja como concepto al referirse a ciertas mujeres), su papel como historiador es inatacable (como él mismo dice en su prefacio a la edición de 1862 en base a que buena parte de la obra está basada en actas judiciales). A quien solo le interesen las brujas literarias de ficción no creo que encuentre lo que busca en esta obra, porque Michelet se sumerge en siglos de historia para sacar a flote la noción misma de bruja contextualizándolo tanto a nivel religioso como social y, en los casos reales (como las posesas de Loudun, las posesas de Louviere y el que involucra al padre Girard y Catherine Cadière), relatando cronológica y exhaustivamente los hechos.
 
No puedo terminar sin hacer un breve comentario. La primera edición de este libro vio la luz en castellano allá por 1987; yo tengo la tercera reimpresión de 2019, que viene precedida por las obvias dos reimpresiones anteriores más otras cinco ediciones que anteceden a las reimpresiones. No puede ser que después de ocho entradas en imprenta, este libro tenga las (muchas, muchas) erratas que tiene. No puede ser y no debería ser. Pero es.





Jules Michelet (París, 21 de agosto de 1798-Hyères, 9 de febrero de 1874) fue un importante historiador francés. Es considerado como uno de los grandes cronistas de su país en el siglo XIX, destacando su Historia de Francia, obra de referencia durante décadas, y también por sus conferencias, en las que hablaba de política y religión y que fueron especialmente polémicas.

Pese a su postura ideológica, no tomó partido en las revolución de 1824 y siguió trabajando en su Historia de Francia, además de terminar su famosa Historia de la revolución francesa.

Durante la época del Imperio, Michelet, republicano convencido, perdió gran parte de sus privilegios académicos y viajó también por Italia, preparando una investigación sobre la Edad Media. 
 
(Lecturalia.com)

viernes, 22 de enero de 2021

RESEÑA (by MH) ::: LA BRUJA DEL ÁMBAR - Johann Wilhelm Meinhold


 

Título original: Maria Schweidler, die Bernsteinhexe
Autor: Johann Wilhelm Meinhold
Editorial: Valdemar
Traducción: Rafael Lassaletta
Páginas: 224
Fecha publicación original: 1838
Fecha esta edición: 1998
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 11,30 euros 



Sirviéndose del recurso literario de limitarse a preparar para su publicación un documento del siglo XVII encontrado casualmente en su parroquia, Wilhelm Meinhold, teólogo y pastor protestante alemán (1797-1851), da a la luz en 1842 La bruja del ámbar, crónica de un célebre proceso por brujería a Mary Schweidler, hija de un pastor que ocupó el mismo cargo parroquial en el pasado.

Con La bruja del ámbar, Meinhold quiso inaugurar un nuevo género literario al que dio el nombre de «narraciones de crónicas», un género que despertó un interés inusitado, sobre todo en Inglaterra, donde sus obras, alguna traducida al inglés por la madre de Oscar Wilde, entusiasmaron a los prerrafaelistas Rossetti, Burne-Jones y William Morris.

La bruja del ámbar, al margen de suponer un brillante argumento religioso contra algunos aspectos del protestantismo, aparte de su carácter de novela histórica o de su contenido literario terrorífico o sobrenatural, puede leerse como una novela de suspense, pues la historia de Mary Schweidler pone en el tapete una denuncia falsa de brujería por venganza, un proceso judicial amañado en el que se intenta comprar o presionar testigos, la búsqueda de pruebas exculpatorias y un elemento de suspense, la sentencia, propio de las novelas y películas de procedimiento judicial.


Para quienes no hayan visto la entrada sobre el #RetoHermanasFatídicas, Mónica (Serendipia) y yo vamos a dedicar 2021 a leer sobre brujas y brujería en libros y literatura de muy distintos tipos y géneros. Hemos propuesto para cada mes un mínimo de dos lecturas (cuando ha sido posible hemos incluido siempre al menos un clásico), y el reto consiste en leer al menos una de esas propuestas (y de ahí para arriba... como si queremos leer todos los libros cada mes). El caso es que en enero tenía claro que quería leer las dos novelas propuestas y os voy a hablar de ambas en el blog (spoiler: ninguna estaría en mi lista de favoritas del año, pero tampoco en la de peores. El reto ha empezado tibio). Hoy os hablo del clásico, La bruja del ámbar, publicado en 1838, que supuso en su época el precursor de un nuevo género literario.
 
¿Qué género literario es ese? El de "narraciones de crónicas", que a grosso modo consiste en narrar cronológicamente unos sucesos que están supuestamente basados en hechos reales (pero que no lo están, obviamente). Así pues, La bruja del ámbar, partiendo en todo momento de una historia de ficción, presenta a Meinhold, el propio autor (del que solo tenemos noticias en la primera página para introducir la historia y en la última para despedirse), contándonos que ha encontrado un manuscrito escondido en su iglesia y que ha decidido compartirlo con el lector... y a partir de ahí toda la narración consta de las entradas de ese manuscrito. Y ahora diréis: pues vaya cosa, ficción novelada que quiere hacer pasar por reales hechos que no lo son. Sí, pero es que estamos hablando de hace casi doscientos años, las cosas tienen que inventarse y nacer en algún momento, y en aquella época supuso algo totalmente novedoso. Hay que darle al libro los méritos que tiene, que para sacarle los puntos flojos aún me queda reseña :)
 
A ver, vuelvo a la historia. Meinhold reflexiona un poco sobre el desconocido autor del manuscrito, de dónde será, las palabras que usa, su origen noble... y una vez que parece concluir que este buen señor vivía en Pomerania pero que era extranjero y que nos encontramos inmersos en la Guerra de los Treinta Años en la isla de Usedom, entramos en materia (para situarnos, la acción se sitúa entre 1618 y 1649). Como al parecer el manuscrito no está completo, nosotros leemos a partir del (supuesto) capítulo siete, y nos sumergimos en un pueblo que acaba de ser saqueado y destruido por los soldados y con muchos de sus habitantes escondiéndose en un bosque cercano. 
 
El narrador (el segundo, el que realmente nos va a contar la historia a través del manuscrito) es un pastor protestante, viudo y con una hija, Mary, que está pasando bastantes penurias junto a muchos de sus vecinos en el bosque en el que están escondidos. Sus casas, sus pertenenecias, sus animales... todo ha desaparecido y no tienen qué llevarse a la boca. Tras muchos días en los que van tirando hacia delante ya sea por golpes de suerte, caridad de vecinos a los que les va mejor o circunstancias varias  sin más relevancia, Mary halla por casualidad un yacimiento de ámbar. Lo van sacando poco a poco entre su padre y ella para venderlo a escondidas y usar ese dinero para alimentar a todo el mundo, pero jamás dicen de donde sacan esa enorme cantidad de dinero, lo que ya resulta sospechoso para algunos. Si a eso se suma que hay un personaje que se la tiene jurada al pastor y a su hija, que un noble pretende a Mary y solo sufre su rechazo, que Mary hace excursiones nocturnas a solas, que empiezan a enfermar los niños y los animales y Mary, que tendría que ser capaz de sanarlos, solo consigue que mueran... pues que se juntan el hambre y las ganas de comer: Mary es acusada de bruja para beneficio de unos y venganza de otros. Acusar es la parte fácil, solo requiere maldad; demostrar que no eres bruja ya es otro cantar, porque hasta los fenómenos metereológicos parecen decididos a sembrar la duda.
 
Mirad, nunca hago las reseñas así, pero creo que voy a deciros sin más en un párrafo lo que me ha gustado y en otro lo que no, porque hay de todo. Es lo que más me apaña para hablaros de este libro y creo que va a quedar más claro.
 
¿Qué me ha gustado? Leer un clásico siempre me aporta cosas positivas porque aprendo un montón sobre la época, la sociedad que se retrata dependiendo del país en que se ambiente, el movimiento cultural al que representa (o del que se intenta alejar), el estilo narrativo... y esto es algo totalmente independiente de que ese libro luego me guste más o menos: simplemente me enriquece y disfruto aprendiendo cosas, así que solo por eso ya me ha merecido la pena su lectura. Sobre la historia en sí misma, la segunda mitad es con diferencia la mejor, la más interesante, la más emocionante en cuanto a los hechos que se producen en ella y la que realmente hace que este libro destaque y ofrezca un acercamiento a la brujería y su enraizamiento en las clases populares a mediados del siglo XVII en Alemania. Este libro cobra vida a partir de la acusación de brujería y de todo lo que sucede después, y a pesar de sus defectos, que los tiene, creo que el autor hace un buen trabajo cuando plasma por qué entre los vecinos de Mary los hay que no creen en la existencia de las brujas y también los hay que ven señales de esa brujería hasta en las piedras. Esa dicotomía representa el sentir de una época que daba dos pasos adelante y uno atrás y no terminaba de quitarse las supersticiones de encima.
 
¿Qué no me ha gustado? Lo primero es la sinopsis, creo que promete algo que luego no encuentras en la lectura. El suspense, por ejemplo. No existe ese suspense, porque
durante la narración se adelanta en varias ocasiones cómo va a terminar la historia e incluso se dice qué personaje va a propiciar ese fin, con lo que das por segura su aparición estelar por mucho que el autor intente rizar el rizo y hacerte creer que puede pasar algo más de lo que realmente pasa. Siguiendo con la edición, me ha molestado bastante que el numeroso texto que hay en latín no esté traducido, porque cuando son citas las puedes sacar por contexto, pero es que hay hasta cartas que tienes que saltarte e intuir. No costaba tanto poner notas a pie de página con las traducciones (dirán que culpa mía por no haber aprovechado mis clases de latín en el instituto, y a lo mejor tienen razón... o no). Por otro lado, y volviendo al libro, las primeras setenta páginas dan vueltas sobre sí mismas como una peonza; repiten la fórmula "Dios nos cuida y nos da de comer, damos gracias, pasa algo malo y vuelve el hambre.... empezamos de nuevo: Dios nos cuida y nos da de comer, damos gracias, pasa algo malo y vuelve el hambre... empezamos de nuevo: Dios...". Entendéis a lo que me refiero, ¿no? Pues así setenta páginas. Me costó mucho meterme en el libro, lo admito, y seguí adelante porque sabía de lo que iba y sabía que, aunque ese primer tercio no me estuviese contando absolutamente nada, en algún momento entrarían la acusación de brujería y el juicio y la historia evolucionaría.
 
Antes de acabar se me ha ocurrido un tercer apartado. ¿Qué cosillas creo que pueden molestar a otros lectores aunque a mí no me hayan molestado? Pues que es un libro muy de su época, mucho, y eso quiere decir que las reacciones son muy exageradas y todo se cuenta con mucho dramatismo y exceso. Para que nos entendamos, si hubiese echado un euro en una hucha (las damas de Regencia no tomamos chupitos) cada vez que alguien se desmaya en esta historia, me habría comprado una de esas ediciones anotadas de Akal que solo se pueden pagar tras hipotecar tu casa. Los desmayos se suman por decenas, ya sean hombres o mujeres. Es todo como muy intenso. Si sois de los de poner los ojos en blanco ante estas cosas, avisados estáis. ¿Más? Pues el uso indiscriminado de nombres que no vienen a cuento, no pintan nada en la historia y estorban mucho la lectura. Como cuando alguien te quiere contar que vio a su amigo Pepe y para eso te desgrana todo el árbol familiar remontándose a la época de los celtíberos. Ah, y la religión, que es casi un personaje más en el libro. Se dice que esta historia es una crítica al protestantismo (o cuando menos a ciertos aspectos), pero ahí no voy a entrar, que bastante largo me está quedando esto.

La bruja del ámbar me ha parecido una curiosidad, y no me arrepiento en absoluto de haberla leído (lo mismo parece lo contrario pero no, no me arrepiento...), pero no me atrevo a recomendarlo salvo a aquellos lectores que gusten de leer todo clásico que caiga en sus manos y estén además muy interesados en literatura sobre brujería. Eso sí, quien decida leerlo y se le hagan cuesta arriba esas setenta páginas que comento arriba, que tenga paciencia y no tire la toalla. La historia mejora, coge ritmo y se vuelve muy interesante, prometido (aunque ni es terrorífica ni sobrenatural... no escojáis esta lectura en base a eso que promete la sinopsis). La segunda mitad del libro merece realmente la pena, los interrogatorios son fantásticos, y su único lastre es el adelanto constante durante la narración en cuanto al resultado de lo que se cuenta porque perjudica el misterio en sí mismo.

Whilelm Meinhold (1797-1851). Teólogo y pastor protestante alemán. Sirviéndose del recurso literario de limitarse a preparar para su publicación un documento del siglo XVII encontrado casualmente en su parroquia, dio a la luz en 1842 La bruja del ámbar, crónica de un célebre proceso por brujería a Mary Schweidler, hija de un pastor que ocupó el mismo cargo parroquial en el pasado. Con La bruja del ámbar, quiso inaugurar un nuevo género literario al que dio el nombre de "narraciones de crónicas", un género que despertó un interés inusitado, sobre todo en Inglaterra, donde sus obras, alguna traducida al inglés por la madre de Oscar Wilde, entusiasmaron a los prerrafaelistas Rossetti, Burne-Jones y William Morris. La bruja del ámbar, al margen de suponer un brillante argumento religioso contra algunos aspectos del protestantismo, aparte de su carácter de novela histórica o de su contenido literario terrorífico o sobrenatural, puede leerse como una novela de suspense, pues la historia de Mary Schweidler pone en el tapete una denuncia falsa de brujería por venganza, un proceso judicial amañado en el que se intenta comprar o presionar testigos, la búsqueda de pruebas exculpatorias y un elemento de suspense, la sentencia, propio de las novelas y películas de procedimiento judicial.

miércoles, 5 de febrero de 2020

RESEÑA (by MH) ::: ROXANA, O LA CORTESANA AFORTUNADA - Daniel Defoe




Título original: Roxana, or the Fortunate Mistress 
Autor: Daniel Defoe
Editorial: Alba
Traducción: Miguel Temprano Garcí
Páginas: 424
Fecha publicación original: 1724
Fecha esta edición: enero 2010
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 24 euros
Imagen de portada: Detalle de Odalisca con esclava (Jean Auguste Dominique Ingres, 1842)
A los quince años y con una dote de 2000 libras, la heroína de esta novela se casa con el hijo inútil de un fabricante de cerveza de la City londinense. Su resumen de la experiencia es más o menos como sigue: «Nada de idiotas, señoritas… Elegid cualquier cosa… antes que casaros con un idiota». Abandonada por el marido, se encuentra «con cinco niños y ni un penique para alimentarlos». En tales circunstancias, las imprevistas atenciones de su casero conducen a una situación cada vez menos equívoca. Luego vendrán un príncipe alemán, un mercader holandés, el mismísimo rey de Inglaterra… y una carrera brillante llena de secretos, amenazas, huidas, crímenes y dinero. Roxana, o la cortesana afortunada (1724), inédita en español hasta hoy, narra con insólito brío y precoz claridad la historia de una mujer que no quiere ser esclava de los hombres y que instituye, fuera del matrimonio, su propio negocio: «Me atrevo a decir que ninguna otra mujer tuvo nunca una vida como la mía: veintiséis años de depravación sin el menor remordimiento… y sin la menor intención de ponerle fin». 

Como todas las novelas de Defoe, ésta es precursora de técnicas y puntos de vista modernos, pero también lo es del más elocuente pensamiento feminista. Para Virginia Woolf es «una de las pocas novelas inglesas que cabe considerar indiscutiblemente grande».

Roxana, o la cortesana afortunada, de Daniel Defoe, llevaba esperándome mucho tiempo en la estantería. Publicada en 1724 de manera anónima como todas las novelas del autor, fue su última obra de ficción: todo lo que escribió después fueron ensayos y obras de no-ficción. Defoe parece que solo es conocido por su Robinson Crusoe, y sin embargo, de entre sus obras, es quizás la que a mí menos me llama. El caso es que, con la lectura de Roxana, por fin he cumplido con uno mis enternos pendientes.

Roxana (que realmente no se llama Roxana, sino Susan, aunque su nombre real solo aparece una vez en el libro y de manera tan anecdótica que, o el lector está al loro, o se le pasa... de hecho se suele decir que no se sabe el nombre real del personaje y no es verdad, sí que se dice) es una joven francesa de nacimiento que a los diez años se traslada junto a su acomodada familia a Londres. Se casa con una buena dote y ya ha dado a luz a cinco hijos cuando apenas ha entrado en la veintena. Ella cumple con lo que se espera en su labor de esposa, su marido no, así que tras haberse ventilado toda la dote de su mujercita, este buen elemento abandona a su familia dejándolos en la mayor de las indigencias. Roxana y sus hijos pasan hambre durante dos años, venden todo lo que tienen y siguen pasando hambre, y junto a ellos solo permanece la fiel Amy, criada que acompañará a su señora durante (casi) toda la historia. Llega un punto que, para que sus hijos sobrevivan, los abandona con la familia de su esposo para que se haga cargo de ellos (aunque, la verdad sea dicha, la protagonista se desentiende de ellos durante décadas. De madraza, nada).
Y aquí, debo tomarme la libertad, por mucho que tenga que reprocharme mi conducta posterior, de avisar a mis amigas, las jóvenes de este país, y decirles, a modo de advertencia, que, si tienen algún interés en su felicidad futura, alguna perspectiva de vivir felices con un marido y alguna esperanza de conservar su fortuna, o de recuperarla tras un desastre, no se casen nunca con un idiota [...] Además, hay tantas clases de idiotas, una variedad tan infinita de ellos [...] nada de idiotas, señoritas, ni uno solo [...] es más: sed cualquier cosa, incluso una vieja solterona, la peor maldición de la naturaleza, antes que casaros con un idiota.
¿Cuándo se ilumina el camino de la protagonista? Cuando un señor ya casado le ofrece comida, bienestar, seguridad... a cambio de compartir la cama. Ella también está casada por mucho que no sepa dónde está su idiota marido, y aunque al principio juega a ser virtuosa, blablabla, en realidad no se lo piensa y mientras su casa permanece abierta para este señor cada vez que él tiene a bien presentarse en ella, él la colma de monedas y comodidades. Y así comienza la vida de Roxana como cortesana, una vida llena de hombres que no solo la mantienen sino que la convierten en una mujer rica, hombres de los que pare hijos sin ton ni son (antes de llegar a la página 200 ya ha dado a luz al menos a once churumbeles entre los nacidos dentro del matrimonio y los bastardos), hombres que abren una puerta que ella ya no querrá cerrar jamás: la de la independencia económica y libertad de elección en todos los aspectos de su vida.

En definitiva, Roxana es una mujer que da a luz a más de una decena de hijos a principios del siglo XVIII y que, no solo no muere en el intento, sino que es tan hermosa que ni siquiera necesita maquillaje y mantiene una figura espléndida que enamora a todo hombre que se cruza en su camino, realeza incluida (que esto sea creíble o no es lo menos importante). Y ella hace uso de ese poder porque sabe lo que es pasar hambre, porque sabe lo que es querer morirte por no tener nada que llevarte a la boca. Todos estos honores, los halagos, el dinero... se le suben a la cabeza. Cada día está más enamorada de sí misma y la prostitución, en sus propias palabras, se convierte en un vicio: se enorgullece de su condición, disfruta siendo prostituta. Y por ello, cuando ya no necesita serlo porque es rica, cuando es económicamente independiente, cuando podría retirarse y vivir cómodamente rodeada de lujos, sigue ejerciendo su oficio. Su vida gira en torno al pecado (como ella lo llama), y todo esto, muy bien envuelto para resultarle entretenido al lector, esconde en realidad una historia muy alejada de moralinas y moralejas donde el matrimonio como institución queda muy mal parado (por cierto, que nadie espere una Fanny Hill con escenas eróticas y sexuales explícitas... Roxana no entra en ningún detalle de alcoba, algo en realidad sorprendente para tratar el libro la temática que trata).

Bajo mi punto de vista, la modernidad de esta obra de Defoe empieza dándole voz a una mujer que no solo cuenta en primera persona su historia (estamos en 1724, no lo olvidéis... que un hombre diese voz a una mujer en una novela era algo totalmente impensable), sino que la historia que cuenta es, para la época, altamente subversiva. Roxana lucha por su libertad durante toda la novela, se enorgullece de todo lo que consigue gracias a su cuerpo y a sus relaciones por mucho que intente hacernos creer que se arrepiente de su vida disipada, aprovecha con mano de hierro todas las oportunidades que se le presentan, demuestra inteligencia para administrar el inmenso patrimonio que poco a poco va amasando y, en denitiva, cada paso que da va encaminado en una sola dirección: su independencia en todos y cada uno de los aspectos de su vida, ya sean sentimentales, sexuales, sociales como, sobre todo, monetarios. Porque Roxana demuestra durante buena parte del libro que está dispuesta a todo, a cualquier cosa, salvo a volver a casarse. Y es en algunas sentencias sobre el matrimonio y el papel de una esposa en ellos donde se esconden algunas de las ideas más revolucionarias de la obra:
Había tenido tan mala suerte con mi primer marido que odiaba la idea de volver a casarme. Había descubierto que a una esposa se la trata con indiferencia y a una amante con pasión; que a una esposa se la considera una especie de criada de rango superior, mientras que una amante es soberana; una esposa debe renunciar a todo lo que tiene y se le reprochará hasta el más mínimo ahorro que haga aunque sea su dinero de bolsillo; en cambio una amante hace cierto el dicho de que lo que tiene un hombre es de ella y lo que tiene ella también; la esposa debe soportar cientos de insutos y tiene la obligación de aguantar sin rechistar o marcharse y arruinarse; cuando a una amante la insultan, se va y busca un nuevo amante.
Os pongo otro ejemplo sobre esto y cambio a otra cosa. Hoy os toca tener más paciencia conmigo de la normal (que ya es mucha, lo sé xD):
... yo estaba decidida a seguir siendo independiente y le respondí que no conocía ningún matrimonio que no fuese, en el mejor de los casos, un estado de inferioridad, si no de esclavitud; que no tenía intención de caer en él ahora que vivía en total libertad y tenía mi propio dinero; que no veía la relación entre las palabras "honor" y "obediencia" y la libertad de la mujer sin compromisos; que no entendía por qué los hombres se dedicaban por un lado a aumentar la libertad de la raza humana y al mismo tiempo a someter a las mujeres, sea cual sea la disparidad de sus fortunas, a unas leyes del matrimonio elaboradas por ellos mismos; que tenía la desgracia de ser mujer, pero estaba decidida a librarme de los inconvenientes de mi sexo...
¿Os imagináis a un lector de hace trescientos años leyendo esto de boca de una mujer, prostituta para más señas? Defoe sabía cómo convertirse en la salsa de todas las reuniones :)

Dicho todo esto, tengo que comentaros una cosa sobre el estilo narrativo de este libro. Y lo quiero comentar porque el punto de vista es moderno (modernísimo) para la época, pero la narración a mí me ha parecido bastante audaz y no creo que sea del gusto de todos los lectores (audaz e intencionada: Defoe se ponía el mundo por montera). Por decirlo de manera que todos nos entendamos, Roxana está escrito como si el autor no se parase a pensar lo que escribe ni a revisarlo, narrando todo tal cual se le pasa por la cabeza con repeticiones, saltos hacia delante y hacia atrás, coletillas, desorden temporal... Lo que Defoe pretende es transmitir la imagen de Roxana contando su historia como si tuviera al lector/oyente delante, dotar a la narración de realidad, ¿y qué pasa cuando las personas nos ponemos a contar algo sin pararnos a pensar en estilo narrativo, en pulcritud a la hora de exponer las ideas, en elegancia a la hora de plasmarlas, en pausas que dividan la información, etc...? Pues pasa que nos repetimos. Mucho. Y que las cosas quedan un poco en plan batiburrillo.

Para empezar, no hay capítulos, es narración continua pura y dura durante las más de cuatrocientas páginas: un monólogo sin interrupciones ni intermezzos plagado de frases interminables. La historia está contada de manera totalmente lineal, con un planteamiento tal que así: "y yo le dije" + párrafo, "entonces me respondió" + párrafo, "así que yo le contesté" + párrafo... También repite mucho la información que va ofreciendo (mucho), te dice algo y te lo vuelve a decir casi con las mismas palabras al menos dos veces más varios párrafos después: por poner un ejemplo, si Roxana ha recibido una carta de Amy contándole tal y cual, tened por seguro que esa misma información contada casi de la misma manera va a aparecer varias veces en párrafos posteriores. Y por si fuera poco tiene el feo hábito de usar constantemente coletillas de anticipación al final de muchos, muchos párrafos: "ya hablaré de eso más tarde", "ya contaré eso en su momento", "ya lo contaré después con más detalles", "pero todo a su tiempo"... una y otra vez nos adelanta acontecimientos, e incluso alguno nos lo adelanta y no ocurre (palabrita, adelanta una cosa que jamás ocurre xD). En definitiva, parece un libro que no ha corregido absolutamente nadie.

Tenemos por tanto una narración tosca pero totalmente intencional por parte del autor, porque nadie puede esperar que Roxana sea una literata. Es Roxana la que cuenta la historia, y Roxana es una cortesana, no una escritora, y bien que se encarga Defoe de que lo suframos todo el libro. Al principio, cuando terminé la novela, acabé un poco cansada de tanta repetición y tanta anticipación de acontecimientos, pero si os soy sincera, conforme ha ido reposando el libro en mi cabeza y he sido consciente de lo que quería el autor, mi percepción de la lectura en general ha mejorado mucho. Sigo pensando que a este libro le sobran muchas páginas y quizás se me ha quedado algún escalón por debajo de lo que esperaba, pero la historia en sí es tan, tan moderna con sus trescientos años de antigüedad, Defoe es tan sinvergüenza (entendedme bien) a la hora de pasarse por la peluca las convenciones sociales, que resulta imposible no encontrarle a la lectura méritos y virtudes a poco que se recapacite sobre ella. Aun así, todavía tengo que hablaros del final... (esto me está quedando un poco por fascículos... xD).

Ay... ¡es que vaya final! No voy a entrar en detalles, pero ese párrafo final ha llevado a muchos lectores a pensar que el libro está inconcluso. Yo no lo creo, para mí el libro está más que finiquitado, pero el modo en que Defoe le pone fin es... interesante xD. De primeras podrías imaginar a Defoe escribiendo el libro, llegando a un determinado momento y pensando: ¡Al carajo, estoy hasta la mismísima peluca de Roxana y el viento que la trajo! ¡Hasta aquí hemos llegado!... pero creo que es un error. Simplemente Roxana cuenta la parte de su vida que quiere contar, la prostitución no solo de su cuerpo sino de su moral, un haraquiri en toda regla de su ética e integridad en pos de riquezas, lujos y libertad. Lo que ocurre después de eso, el futuro que se atisba en el punto en que termina esta historia, ya no es relevante, no tiene relación con la llama que insufla vida a esta historia. Y ahí se detiene todo, sin más. Roxana abandona la pluma y el papel.

Me voy callando, que aunque no os lo creáis, me extendería más sobre algunas cosas, pero no quiero abusar demasiado de vuestra paciencia. Disfruté de la lectura de Roxana, o la cortesana afortunada con algunos peros, y en mi cabeza pesaba más la historia en sí misma, la modernidad del discurso de la mujer protagonista, que la calidad del libro o el modo en que estaba planteado. Conforme la lectura se va asentando en mi mente todos los factores se van equilibrando y el todo me parece más redondo que en la primera impresión, más armónico. No me arrepiento en absoluto de haberlo leído, y ya tengo Moll Flanders esperando también en la estantería (antecesora en realidad de la propia Roxana, quizás debería haberlas leído en orden inverso), así que no sé si será este año o el que viene, pero volveré con otro Defoe más pronto que tarde.

Daniel Defoe nació en 1660 en Londres, hijo de un fabricante de velas presbiteriano. Estudió en la Academia Presbiteriana para Disidentes de Newington Greene, donde recibió una educación basada en lenguas modernas y conocimientos científicos, muy alejada de los patrones clásicos. Se estableció corno comerciante y conoció la prosperidad tanto como la quiebra.
 
Interesado por la política, escribió algunas sátiras y en 1697 publicó su primera obra extensa, An Essay Upon Projects. Prestó servicios al gobierno whig del rey Guillermo III y ocupó un cargo en Hacienda. Su poema satírico The True-Born Englishman (1701) fue un éxito, pero su irónico ataque a la intolerancia de la Iglesia Anglicana en The Shortest Way with the Dissenters (1703), ya durante el reinado de Ana Estuardo y bajo gobierno tory, le valió una pena de prisión. Acogido a la protección de un político tory, Robert Harley, escribió durante nueve años la gaceta de la que éste era propietario, la Review. Compuso en 1703 el que se considera el primer reportaje moderno, The Storm, sobre una gran tormenta que asoló el sur de Inglaterra. Defoe no escribió su primera obra de ficción hasta 1719, pero con ella creó un mito universal: Robinson Crusoe. A ésta siguieron Moll Flanders y Diario del año de la peste en 1722, y Roxana, o la cortesana afortunada en 1724. Murió en Londres en 1731.

miércoles, 20 de enero de 2016

RESEÑA (by MH) ::: LA NOVELA DE MARY - Mary Wollstonecraft





Título original: Mary: A fiction
Autora: Mary Wollstonecraft
Editorial: Araña
Páginas: 124
Traducción: Bárbara Martínez Llenas y Jonás Morell Margós
Introducción: Josep Marco Borillo
Fecha primera publicación: 1788
Fecha esta edición: diciembre 2010
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 3,63 (Ebook) - Descatalogada en papel
Diseño de cubierta: Enrique de la Rúa



La novela de Mary, cuyo título original fue Mary: A Fiction, es la primera y única novela completa escrita por Mary Wollstonecraft. Publicada en 1788 por Joseph Jonson, relata la trágica historia de la amistad entre Mary y Henry. Es una crítica de los problemas a los que se enfrentaban las mujeres durante los últimos años del siglo XVIII, particularmente los relacionados con el matrimonio.

En ella la protagonista de análogo nombre, que sufre durante su infancia el desapego de su madre y la ignorancia de su padre, se convierte de repente en heredera, y su familia le acuerda un conveniente matrimonio con un hombre que ni siquiera conoce.
Quizás el nombre de Mary Wollstonecraft le resulte completamente irreconocible a casi todo el mundo (a mí también hasta no hace mucho tiempo), pero si se dice que trajo a este mundo a Mary Shelley (de quien basta decir su nombre para que a la mente nos venga su moderno Prometeo, también conocido como Frankenstein), ya nos vamos poniendo en situación. Lo cierto es que la Mary que nos atañe hoy murió dando a luz a la que luego se hizo famosa, y lo hizo muy joven, con apenas 38 años. Tuvo poco tiempo para desarrollar su carrera literaria y, aunque sus escasas obras tienen un gran reconocimiento a nivel literario entre los entendidos (por decirlo así), al lector de a pie nos resultan bastante más desconocidas.

El breve pero interesante prólogo de esta edición inédita en castellano (y ya descatalogada en papel, aunque está disponible en ebook) nos pone muy acertadamente en antecedentes en cuanto a Mary Wollstonecraft como escritora y mujer a finales del siglo XVIII. Se la considera precursora del feminismo (y eso es algo que veremos a lo largo de la historia en la actitud y decisiones que toma su protagonista), y antecesora de muchas de las características que harían famoso el Romanticismo literario. Josep Marco Borillo también hace hincapié en el uso o reciclaje que hace Mary de sus propias experiencias personales para trasladárserlas a su protagonista (que supongo que no de modo casual se llama exactamente igual que ella). No me detendré en estas vivencias personales que autobiografía en cierto modo en el libro pues estaría desvelando buena parte de la trama de la novela.

Ya en el mismo comienzo de la historia vemos esa reinvindicación en cuanto al papel que la mujer debe alcanzar dentro de la sociedad tomando las riendas de su propia vida y no las que le han sido impuestas (no olvidemos que estamos en el siglo XVIII. La mujer de cierta posición social no hace sino aquello que se le ordena y está bien visto socialmente acorde a dicha posición. Y si su libertad de elección queda relegada a cambio de mantener tierras y posesiones, que así sea).
¡Cuántos ceros a la izquierda como ella hay en el mundo de las mujeres!
Esta frase, casi nada más comenzar el libro, define a la madre de nuestra protagonista y ejemplifica la actitud de Wollstonecraft con respecto a lo que una mujer nunca debe ser o hacer. Típica dama de su tiempo, conformista, sin ningún espíritu curioso por nada de cuanto le rodea, superficial, que se casa con quien se le impone, que tiene hijos porque debe tenerlos, que ama más a sus perros que a su prole (y a quienes despacha con la criada), y que vive una vida sin amor (ni lo recibe ni lo da) pero feliz en su indolencia. 

En este ambiente crece nuestra protagonista, Mary, rechazada por su madre, e ignorada por un padre que se niega a que las mujeres reciban educación, mientras pasa los días cazando y engañando a su mujer con las campesinas de los alrededores. Este comienzo de la novela sirve para mostrarnos la personalidad de Mary y las circunstancias en que se desarrolla. Muestra una gran comunicación con la naturaleza, sentimientos piadosos y devotos... Es un comienzo un tanto lento, pero afortunadamente cambia cuando deciden casarla con un hombre (un adolescente, más bien, de apenas 15 años) al que ni ama ni quiere amar, y del que de hecho quiere alejarse cuanto le sea posible, porque es cuando comienza la historia a moverse. Este es otro punto bastante innovador (y atrevido) para la época. Que Mary huya de la compañía de su marido, que rechace un matrimonio que ella no ha escogido (y que la degrada como persona al sentirse entregada junto a unas propiedades) para irse de viaje con una amiga que está enferma en busca de un clima más saludable y su curación, imagino que debió ser bastante provocador en aquella época.

Es a partir de este punto, cuando las dos amigas deciden marcharse a Lisboa, donde comienza realmente la historia que se nos quiere contar sobre Mary.
En el hotel donde se alojan, acondicionado para recibir enfermos, también se encuentran tres mujeres y dos caballeros. Mary siente predilección por hombres mucho mayores que ella, con talento y tendencias filosóficas, y es en Henry, uno de esos dos caballeros, enfermo y de talante melancólico, donde encuentra lo que busca. 


No puedo desvelar más allá para no estropear la historia, pero sí quiero comentar detalles patentes conforme se va leyendo el libro, como la inquina que se muestra hacia el pueblo portugués, del cual se habla muy despectivamente (y al parecer era un pensamiento habitual en aquella época, porque se hace referencia a otros libros donde se habla en términos parecidos), y las constantes alusiones devotas, piadosas y religiosas de la protagonista, que debo reconocer que son lo que menos me ha gustado de la historia (admito que la literatura que deriva en el misticismo, aunque sea leve, me cansa). Es una novela muy de su época, a pesar de sus diversas transgresiones, y quien se decida a leerla debe ser muy consciente de ello. Abundan las reflexiones internas de la protagonista, de tono filosófico, metafísico y religioso, y un tono de desdicha y tragedia que impregna toda la historia y marca el paso de todo cuanto sucede.

Decididamente no me atrevería a recomendar esta novela a todo el mundo, ni siquiera a lectores habituales. Hay que tener un gusto muy acentuado por la literatura clásica y el Romanticismo (como movimiento cultural, no como algo sentimental). Pero sí que es un libro que denota el cambio que se estaba produciendo en aquella época a nivel intelectual, cultural y social, que es algo que visto desde la perspectiva de nuestros días quizás nos impida reconocerle la importancia que merece.



Mary Wollstonecraft nació en 1759 en el seno de una familia de propietarios agrícolas venida a menos. La mayor de siete hermanos, nunca encontró en su hogar ningún tipo de afecto y desde joven demostró un fuerte carácter, sobre todo a la hora de rebelarse ante las injusticias que relegaban a la mujer a una posición inferior a la del hombre. Su vida cambió cuando comenzó a trabajar para el editor Joseph Johnson, lo que le permitió conocer a intelectuales y escritores, y dar forma a su novela Mary: a fiction, aquí reseñada.

Mary se casó con el filósofo William Godwin con quien tuvo una hija que, a la postre, sería mucho más famosa que ella: Mary Shelley, autora de Frankenstein.

Entre 1790 y 1791 publicó sus dos obras cumbre: 'A Vindication of the Rights of Men' (Defensa de los derechos del Hombre), y 'A Vindication of the Rights os Woman' (Defensa de los derechos de la Mujer), que le consagrarían como la precursora de la ideología feminista que es considerada hoy en día, teniendo en cuenta que en aquella época no existía ningún movimiento organizado en defensa de los derechos de la mujer.


Wollstonecraft murió a los 38 años debido a complicaciones derivadas del nacimiento de su hija Mary, dejando tras ella varios manuscritos inacabados.

Miss Hurst