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lunes, 14 de octubre de 2024

RESEÑA (by MH) ::: EL MUNDO SUMERGIDO - J. G. Ballard


 
Título original: The Drowned World
Autor: J. G. Ballard
Editorial: Minotauro
Traducción: Francisco Abelenda
Páginas: 224
Fecha publicación original: 1962
Fecha esta edición: mayo 1988
Encuadernación: cartoné con sobrecubierta
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano en diversas ediciones)
Ilustración de cubierta: Óscar H. Chichoni




El escenario de esta novela son los pantanos, lagunas y junglas subtropicales que cubren la mayor parte de la superficie terrestre a causa de un aumento en el calor del sol. La vida vegetal y animal está regresando a la Edad Triásica... Pero los acontecimientos principales ocurren en los niveles más profundos de la mente. Y el mérito principal del libro es el extraordinario poder imaginativo con que estos niveles son exteriorizados en formas concretas.
 
Si os hablo de
El imperio del sol, seguro que a casi todos os vendrá a la memoria aquella magnífica película de Steven Spielberg protagonizada por un Christian Bale adolescente y su vida en un campo de concentración durante la ocupación de Japón en China durante la Segunda Guerra Mundial. Esa historia, ficticia pero con experiencias reales del autor, era una adaptación de la novela del mismo nombre de J. G. Ballard, y ese libro, sin leer, lleva años en mi estantería por la misma razón que otros muchos: ya he visto la peli, el libro puede esperar. Por eso hace unos años decidí adentrarme en la experiencia de conocer a este autor con otras novelas, y dejadme deciros que todo lo que yo he leído de Ballard hasta el momento está en las Antípodas del tipo de historia que se narra en El imperio del sol. De hecho lo conocí con Rascacielos, una distopía bastante radical que he leído ya dos veces y que me encantaría leer una tercera vez en un futuro cercano. Tremenda, cruel e imposible de recomendar salvo para lectores con gustos muy concretos. La que os traigo hoy es una novela postapocalíptica muy distinta en cuanto a temática, pero que se adentra igualmente tanto en lo más recóndito como en lo peor de la naturaleza humana.

Estamos en un mundo que, tal como reza el título, está sumergido bajo las aguas. El disco solar ya no es una esfera definida, sino una elipsis que abarca todo el horizonte como una bola de fuego. Los gigantescos cataclismos ecológicos que cambiaron el clima de la Tierra comenzaron unos sesenta o setenta años antes del momento en que arranca la historia. Las capas exteriores de la ionosfera desaparecieron, la Tierra quedó sin protección, la temperatura empezó a subir, los casquetes polares empezaron a derretirse liberando millones de litros cúbicos... y el problema no radicaba solo en la subida del nivel del agua, sino que esa agua arrastraba toneladas de sedimentos y cieno sumergido que los nuevos mares empujaron hacia las costas, cambiando la forma y el contorno de los continentes, adentrándose cada vez más hacia el interior arrastrando todo ese barro y formando lagunas dentro de las ciudades... Empezaron a crecer las formas vegetales y a aumentar el nivel de radiactividad provocando mutaciones. La población se vio obligada a abandonar las ciudades cuando los diques fueron incapaces de controlar la entrada masiva de agua y cieno y a huir y emigrar paulatinamente a lo que antes se conocía como el círculo polar ártico (y que ya es una zona subtropical), y allí están ahora los restos de una humanidad compuesta por apenas cinco millones de personas que está condenada a la extinción, porque tarde o temprano tampoco allí será posible la habitabilidad. 

La historia comienza en una ciudad a la que no se da nombre al principio porque el protagonista no lo sabe... los que han nacido en el polo no saben ya de ciudades ni de civilizaciones, solo existe el polo y el mundo sumergido (tarde o temprano averiguaremos que esta ciudad es Londres, aunque no es algo que afecte en nada a la trama). Este protagonista, Robert Kerans, es un biólogo que forma parte de una expedición militar que va recorriendo Europa de sur a norte. El objetivo de su laboratorio es trazar mapas biológicos; el de los militares a los que acompaña es encontrar puertos que puedan usarse en un futuro mejor e hipotético. Desde su llegada hace unos meses a la ciudad Kerans decidió que quería estar alejado del resto y se alojó en una suite situada en una planta muy alta del Ritz (las diez primeras plantas están bajo el agua). Cuando se asoma al balcón lo que ve ante sí es una laguna que, bajo su superficie, es más bien un pantano de desperdicios, y esta laguna es una de las tres principales que hay en la ciudad. Aparte de los miembros de esta expedición, en la ciudad solo permanece una mujer, Beatrice, que vive en el edificio que pertenecía a su familia y con la que Kerans mantiene una relación. Todo sigue su rutina, todo se desarrolla como en cada ciudad que han estudiado y analizado, hasta que dos sucesos lo trastocan todo: uno es la situación límite en la que se encuentra uno de los miembro de la expedición y sus consecuencias; el otro es la decisión que toman Kerans y Beatrice cuando la expedición decide abandonar la ciudad y seguir su camino hacia el norte. Kerans el impertérrito, Kerans el asceta, toma una serie de decisiones impropias de él que se verán complicadas con la entrada de nuevos personajes en escena... y en un mundo como este, todo lo nuevo suele ser para peor.

El mundo sumergido es una novela muy compleja y casi imposible de limitar a lo que pueda contaros en estos pocos párrafos, porque tiene casi tantas capas como ese cieno y esa inmundicia que subyacen bajo la superficie de las lagunas. No voy a pretender que soy capaz de desglosaros todo eso aquí porque no me llega el intelecto, así que me voy a limitar a apuntaros las tres particularidades más importantes que debéis tener en cuenta a la hora de decidir si os interesa leer el libro.
 
Una es el propio cambio climático que provoca la hecatombe que sumerge el planeta bajo las aguas y empieza a revertir el entorno a un estado propio de hace muchos millones de años. La ciudad vive bajo el yugo y el reinado de las gigantescas iguanas y basiliscos, que una vez más dominan la faz de la tierra. Los únicos edificios que permanecen en pie son los de acero de la zona financiera y comercial, todo lo demás yace bajo el agua; bosques gigantescos y miásmicos surgen de las aguas retornando el entorno y la fauna a las formas que ya tuvieron hace millones de años, en el triásico, cuando las condiciones eran parecidas... el equilibrio ecológico se ha invertido, los mamíferos apenas son capaces de procrear y los anfibios y reptiles, mucho mejor adaptados a un ecosistema como este, son los reyes del cotarro... Es decir, que vemos a esta expedición buscando recursos, investigando, haciendo algo porque HAY que hacer algo, pero desde el primer momento el tono del libro transmite la certeza de que todo eso no sirve para nada, que ya nadie lee esos informes porque para nada sirven, que tarde o temprano todo llegará también al polo, que tienen los días contados y que lo único que no saben es señalar la fecha concreta en el calendario para la extinción. No hay soluciones, no hay propuestas. No hay nada.

Todo esto el autor lo lleva a un terreno filosófico que enlaza con la ciencia y es lo más arduo de asimilar de la novela (y la segunda particularidad que quería comentaros). Si algunos de esos personajes deciden quedarse en esa ciudad lo hacen para morir, porque en apenas unos meses será completamente inhabitable y ya nadie volverá a por ellos, pero es que algunos de esos personajes ya están en un punto de no retorno. Los humanos se están transformando tanto psicológica como físicamente en armonía con un entorno prehistórico para el que no están preparados... pero la evolución inversa, esa que subyace en nuestro subconsciente, tiene mucho que decir al respecto. Todos los miembros de la expedición han tenido el déjà vu de haber visto todo esto antes, recuerdos biológicos que han hibernado y han estado adormecidos durante miles de generaciones... cada uno de ellos tiene la edad de todo un reino biológico, y a medida que el entorno retrocede en el tiempo geofísico, la personalidad se reorienta y puede arrastrar al ser humano hasta hacerle perder la razón. Es en ese momento cuando se empieza a hablar sobre unos sueños, sueños que tarde o temprano empiezan a afectar a todos los seres humanos que permanecen en esa ciudad sumergida. Pero ¿son sueños realmente? No, no lo son... son recuerdos orgánicos de millones de años atrás, una memoria biopsíquica que les aterroriza y que solo los restos de dominio consciente mantienen a raya... en algunos casos. Para otros ya no hay esperanza alguna.
 
Y cuando ya tenemos todo esto claro, cuando ha quedado establecida la parte filosófica de la novela, entra el ser humano en escena. Porque sí, hasta ahora hemos tenido varios personajes, todos distintos, todos con sus miedos, todos con su distinta forma de afrontar la vida que les ha tocado vivir, pero al fin y al cabo pertenecen a una misma comunidad, trabajan por un fin común, colaboran, conviven... pero hay otro tipo de humanos en esta historia, piratas distópicos que vandalizan y saquean las ciudades bajo las aguas en busca de tesoros...  y este tipo de individuos dejaron mucho tiempo atrás las convenciones sociales y el sentido moral de lo que está bien o mal. Aquí no puedo entrar porque os estaría contando cosas que no debo contar, pero si algo deja claro siempre Ballard en sus novelas (al menos en las que yo he leído) es que los peores enemigos del hombre son los propios hombres, y que si algo puede salir mal ten por seguro que va a salir peor: no da un paso atrás y no endulza lo que tiene poca solución. En sus libros no contemplas la baza de "a lo mejor no pasa lo que creo que va a pasar": los seres humanos son crueles y aquí hemos venido a empaparnos de un poco de realidad.
 
Si habéis llegado hasta aquí os habréis dado cuenta de que la narración de Ballard es, más allá de la ambientación postapocalíptica, muy pesimista, y más allá de la acción predominante hacia la segunda mitad de la novela, muy introspectiva. La escasez aparente de páginas puede llevar a engaño, pues no es una novela ligera ni rápida de leer (no al menos si quieres asimilarla y comprender al autor en lo que quiere contar). De hecho la primera mitad funciona a modo de presentación, una exposición que Ballard reparte minuciosamente a lo largo de unos cuantos capítulos donde el lector tiene que asimilar no solo el mundo que rodea a los protagonistas sino a esos mismos protagonistas, su función en la novela y cómo les está afectando el entorno a niveles muy profundos y muy complejos. Y es en cierto momento, cuando se aproxima la hora de abandonar la ciudad, cuando la narración hace clic y Ballard comienza a contarnos la otra subtrama que le interesa: la dicotomía entre las personas que pierden voluntariamente la humanidad en un mundo especialmente apto para esa deshumanización y aquellos que deciden rendirse y claudicar ante esa nueva realidad ambiental, les lleve esa decisión hacia donde les lleve.

No busquéis en El mundo sumergido una novela de acción trepidante, escenas vertiginosas y ritmo febril tan habituales en la literatura de género actual. Más bien al contrario, la narración es muy, muy reflexiva, filosófica, asume teorías científicas y cuestiona constantemente muchos aspectos de la memoria genética y la adaptación al entorno. El calor asfixiante, la pestilencia de las lagunas, las iguanas vigilantes, los mosquitos de tamaño prehistórico, los sueños terroríficos, la sensación implacable de que todo lo que hacen realmente no sirve para nada, que al planeta le quedan dos telediarios pero al ser humano le quedan todavía menos porque antes de que se vaya todo al carajo van a perder todos la cabeza... esas sensaciones impregnan cada una de las páginas de una atmósfera opresiva y una expectación constante que te hace como lector plantearte muchas preguntas, cuestionarte si las cosas podrían ser tal y como Ballard las concibe, si esa regresión biológica sería posible... y realmente no hay respuesta a ninguna de estas cuestiones (y esperemos no tener que descubrirlo nunca, aunque vamos camino de ello). No hay esperanza en este libro, no hay soluciones de última hora que vengan a salvar el día. Cuando el mundo tal cual lo conocemos se arrastra hacia su extinción, poco puede la humanidad hacer al respecto. No somos nada, y Ballard lo sabía.
 
   

J. G. Ballard (1930-2009), uno de los grandes nombres de la ciencia ficción, nació en Shanghái y, tras la invasión japonesa, fue internado con su familia en un campo de concentración, experiencia que recuerda en "El imperio del sol". Estudió medicina, pero, después de diversos empleos, a partir de 1962 se dedicó por completo a la escritura. Ballard es también autor de numerosos relatos.

martes, 7 de julio de 2020

RESEÑA (by MH) ::: LAS CRISÁLIDAS - John Wyndham




Título original: The Chrysalids  
Autor: John Wyndham 
Editorial: Runas
Traducción: Catalina Martínez Muñoz 
Páginas: 208
Fecha publicación original: 1955
Fecha esta edición: octubre 2019
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18 euros
Diseño de cubierta: Octavi Segarra




BENDITA SEA LA NORMA. EN LA PUREZA ESTÁ NUESTRA SALVACIÓN. ¡CUIDADO CON LOS MUTANTES!
 
Después de la Tribulación, una catástrofe apocalíptica que da lugar a mutaciones genéticas, las desviaciones de la norma son consideradas Blasfemias. Los animales y plantas que no tengan un aspecto normal son eliminados, y los humanos son expulsados a los Márgenes. Nadie sospecha en su aldea que David y Rosalind también son mutantes, pero a medida que se hacen mayores cada vez les resulta más difícil ocultar su propia aberración y se ven obligados a huir a las Malas Tierras para no ser descubiertos.
Hace dos años y medio compartí con vosotros mi reseña sobre La peste escarlata, novela postapocalíptica de Jack London publicada en 1900 en la que se nos mostraba el mundo tras los efectos devastadores de una pandemia. Durante las últimas semanas, y a pesar de que ya tiene mucho tiempo, esta reseña ha estado entre las diez más leídas del blog (me ha sorprendido más que nada porque hasta ahora era de la opinión de que el trabajo que realizamos al escribir las opiniones en los blogs es, por desgracia, bastante efímero), pero supongo que la situación que hemos vivido invitaba a bucear en internet en busca de historias de esa temática. El caso es que durante estos tiempos raros he leído Las crisálidas, publicada en 1955 y que pensaba que partía de la misma premisa, pero no. En realidad ni leí la sinopsis con antelación, simplemente llevaba tiempo detrás de leer algo de John Wyndham, un autor clásico de ciencia ficción, y me decidí por este libro, sin más. El caso es que sí estamos ante una novela postapocalíptica, pero tanto la causa que provoca este mundo alternativo como lo que sucede en él no tienen nada que ver con La peste escarlata. Os cuento.

No se sabe con exactitud el tiempo que ha transcurrido desde la Tribulación, pero sin duda son cientos de años. David vive en una granja en Waknuk (situada aparentemente en la región de Labrador, lo que ubica al lector en Canadá), y pertenece a la familia más importante del distrito, del que su padre es el mayor terrateniente y algo así como su líder religioso; Joseph Strorm lleva la fe grabada en los huesos y se muestra insensible e intransigente con todo aquello que no cumple la Norma, que define la imagen de Dios. Las cosas que no tienen aspecto normal son Ofensas; las personas que no tienen un aspecto acorde a la Norma son Blasfemias. En conjunto, todas son consideradas Desviaciones, y las Desviaciones son hijas del Diablo y deben ser eliminadas. Algunas están a la vista y no pueden esconderse, otras permanecen ocultas. Si te pillan con una anormalidad física, te esterilizan para que no procrees y te mandan a los Márgenes a  que te mueras de hambre, así que más vale que no te pillen... Cuando David descubre que lo que a él le parece totalmente normal le convierte a ojos de los demás en un mutante, sabe que debe callar para salvar la vida; su propio padre no dudará en entregarlo a las autoridades si se entera. Solo su tío lo sabe, le ruega encarecidamente que nunca hable con nadie sobre el tema, pero las cosas se complican.
Bueno, todas las partes de la definición son igual de importantes, y cuando una niña no encaja en la norma, entonces no es humana, y eso significa que no tiene alma. No está hecha a imagen de Dios, es una imitación, y en las imitaciones siempre hay algún defecto. Únicamente Dios crea seres perfectos, por eso, aunque los desviados se parezcan mucho a nosotros, no son seres humanos auténticos. Son otra cosa muy distinta [...] Las Desviaciones son obra del Diablo: las envía a vivir entre nosotros para tentarnos y alejarnos de la Pureza. A veces es muy listo y hace una imitación casi perfecta, por eso tenemos que estar siempre alertas al defecto, por pequeño que sea, y denunciarlo inmediatamente cuando lo vemos. ¿Lo tendrás en cuenta a partir de ahora?
Jamás se dice en la novela porque sus personajes ni lo saben ni sabrían ponerle nombre, pero si hacemos caso a todos los indicios que aparecen en la historia, la Tribulación que lo cambió todo fue probablemente una guerra nuclear (más que un desastre único, dado que son diversas partes de la Tierra las que parfecen estar afectadas). El modo en que hablan de lo que imaginamos fueron zonas cero (enormes, gigantescas zona cero), el modo en que la situación parece mejorar conforme te vas alejando de esas zonas, cómo el paso de los años parece repercutir en que algunas áreas se vayan recuperando, las mutaciones que afectan tanto a los seres humanos como a la vegetación y la fauna animal, el hecho de que haya lugares alejados de esa zonas cero donde parece que la vida ha transcurrido de una manera totalmente distinta... Todo parece concordar con las secuelas y consecuencias de una confrontación nuclear. A esto mismo me refería en el primer párrafo con lo de que estamos ante una historia postapocalíptica que nada tiene que ver con una pandemia viral. Eso por un lado. Por el otro somos testigos de lo que realmente quería contar Wyndham en la novela: que el ser humano es obtuso, tiene miedo de lo que es diferente y vive en una rueda eterna de ceguera y fanatismo que le hace caer una y otra y otra vez en los mismos errores sin importar catástrofes intermedias ni siglos mediantes.

Aun así Wyndham plantea en Las crisálidas algo sobre lo que London también profundizó en La peste escarlata: la involución del ser humano y de la sociedad tecnológica e industrializada tal y como la conocemos. ¿Qué sería del mundo si todas aquellas personas con los conocimientos científicos necesarios desapareciesen de la faz de la tierra? Se tardarían muchas generaciones, muchos cientos de años, en volver a poner un avión en el aire, un tren sobre unos raíles o un coche sobre una carretera, por poner un ejemplo. De hecho y para empezar, si las personas con los conocimientos adecuados desapareciesen, se tardarían cientos de años en inventar ese avión, ese tren o ese coche. La novela asienta gran parte del misterio que rodea todo lo que no sea el distrito de Waknuk en la incapacidad para viajar a otras zonas del mundo donde no se sabe lo que está pasando, si viven igual que ellos, si sufren las mismas mutaciones... están aislados, y así han estado desde que la Tribulación cayó sobre los Antiguos (los Antiguos=nosotros, nuestra civilización), retornándolos a una época muy anterior al siglo XIX ya industrial. 

Yo diría que la novela está dividida en dos partes muy evidentes. En la primera mitad se nos presenta el marco social en el que viven los personajes, donde unos creen firmemente que la Tribulación fue un castigo divino para los Antiguos y otros, los menos (y siempre en secreto si no quieren ser linchados por blasfemos), se preguntan qué fue realmente la Tribulación, porque algo no cuadra en las explicaciones que les dan. Solo los últimos tres siglos están registrados en dos únicos libros, y más allá de eso todo son leyendas e historias que van pasando de boca en boca. Por eso esta primera parte es una parte más filosófica, con reflexiones a mi modo de ver muy acertadas y coherentes dado el grado de desconocimiento de los personajes, más allá de presentar la trama en sí misma, la mutación de David y la concatenación de hechos que conducen hacia el giro a mitad de historia con una tensión que va in crescendo conforme avanzan las páginas.  La segunda mitad es más aventurera, con más acción y más sorpresas (si cabe). Los personajes centrales salen de Waknuk y se enfrentan a lo desconocido, y de esta parte poco más os puedo hablar. Bajo mi punto de vista las dos partes se complementan a la perfección, pero nada en la primera parte te hace pensar en lo que va a derivar la segunda, y ahí radica uno de sus puntos fuertes: que no sabes hacia donde te va a llevar la historia.
Según mi experiencia, si huyes de una cosa únicamente porque no te gusta, nada de lo que encuentres te gustará. Ahora bien, huir porque buscas algo, eso es diferente, ¿pero qué buscarías?
No os quiero contar mucho más sobre la trama porque debéis descubrirla por vosotros mismos y sorprenderos con lo que va ocurriendo en ella. Ni siquiera os voy a decir qué desviación/mutación tiene David, porque en el libro transcurren sus buenas treinta páginas antes de que se descubra y en la sinopsis han tenido el buen tino de no anticiparlo. Pero sí quiero comentar antes de finalizar que lo que hace Wyndham en el libro es, básicamente, retorcer el supuesto concepto de normalidad precisamente para poner en entredicho el concepto en sí mismo, al tiempo que reflexiona sobre el fanatismo religioso, el miedo de los seres humanos ante lo que no comprenden o no es como ellos, y lo efímera que puede ser la sociedad tal y como la conocemos así como la fragilidad de las bases sobre las que se asienta.

La prosa de Wyndham es ágil, pulcra y muy sugerente en algunos pasajes, y a mi parecer realiza una construcción de personajes fantástica en lo que se refiere sobre todo a los personajes principales. David narra en primera persona y eso hace que él sea el rey de la función, pero hay dos personajes más que no he nombrado que, aún conociéndolos solo a través de David, resultan auténticos y no sufren ninguna distorsión subjetiva. Wyndham quiere entretener al lector pero también quiere hacerle pensar, y por eso la primera mitad del libro está enfocada a enfrentarle con un mundo nada imposible, un mundo intolerante, autoritario y opresivo en el que no se puede expresar el libre pensamiento y en el que no está permitido ver (o querer ver) más allá de lo que se tiene delante... un mundo donde sus habitantes llevan cruces bordadas en la ropa y carecen de la inteligencia suficiente que les permita evolucionar más allá de su sociedad caduca. Quizás, si hablamos de profundidad y calidad literaria, la segunda mitad no esté a la altura de la primera y carezca de su tono reflexivo y laborioso, pero todo nos lleva hacia ese final y es el que tiene que ser. 
En resumidas cuentas, he disfrutado mucho de la lectura y me he quedado con ganas de leer algo más de este autor.
 

John Wyndham Parker Lucas Benyon Harris (1903-1969) es un autor clásico británico de ciencia ficción. Probó distintas profesiones como agricultor o marchante de arte antes de dedicarse a escribir relatos detectivescos y de ciencia ficción. Entre sus obras hay títulos imprescindibles de la ciencia ficción como "El día de los trífidos" (1951), una de las novelas más famosas de catástrofes, "Las crisálidas" y "El kraken despierta", que se desarrollan en escenarios postapocalípticos.