Título original: What would Jane Austen do?
Autora: Laurie Brown
Editorial: Versátil
Traducción: Patricia Sánchez Maneiro
Páginas: 300
Fecha de publicación: febrero 2010
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: descatalogada (hay una edición posterior revisada y a la venta aquí) Encuadernación: rústica con solapas
Diseño de cubierta: Eva Olaya
Cuando una mujer moderna viaja en el tiempo hasta la época de Jane
Austen, debe saberlo
... ¡todo!
Eleanor acepta viajar atrás en el tiempo
para evitar un duelo mortal, pero no sabe cómo debe comportarse, qué
debe decir, ni, lo más importante
... cómo diferenciar a un villano de
un libertino. El cautivador, díscolo y misterioso Lord Shermont es un
reconocido libertino y un mujeriego, pero
¿es también un peligroso
asesino y espía? Eleanor deberá acercarse mucho a él para descubrirlo.
De lo contrario, podría acabar envuelta en un escándalo de lo más
incómodo.
Afortunadamente, la mismísima Jane Austen entra en escena, y
con sabios consejos y un brillo especial en la mirada, ayudará a Eleanor
a desenvolverse en la sociedad rural de la Regencia y en el resbaladizo
terreno de sus propios sentimientos.
Eso me pregunto yo, ¿qué haría y qué pensaría después de leer este libro? Es difícil ponerse en la cabeza de nuestra querídisima autora, o recordar todas sus novelas y poder responder a lo anterior.
Haciendo una pasada superficial, en ningún momento se reconocen como austenitas ni uno solo de los personajes, ambientes, lugares y demás situaciones. Y, si vamos profundizando en su obra, vemos que esta novela es totalmente diferente y equidistante de todo lo que nuestra Jane nos quiso decir cuando la leemos (independientemente de lo que cada uno de nosotros queramos entender): no se percibe ninguna semejanza con la autora.
Dejando aparte las creencias personales de cada uno, el mundo y los personajes de Jane son reales y fueron retratados a través de sus obras, donde la inteligencia y el carisma siempre se entretejían con una época en la que el papel de la mujer estaba tan encorsetado y limitado que solamente personas como Jane Austen, por medio de sus escritos, fueron capaces de revindicarlo con una ironía y comicidad únicas. Me pregunto si ella encontraría algo de todo eso en ¿Qué haría Jane Austen?... o si más bien se preguntaría si se había adentrado en un universo paralelo y absurdo.
No quiero entrar en el personaje que hace de Jane en la novela. Sin duda pienso que, para construir este personaje, Laurie Brown debería haberse documentado un poquito más y no haberse quedado solamente en un retrato insustancial y líviano (recomiendo las Cartas de Jane Austen para todos aquellos que quieran acercarse y profundizar en su figura).
Si comparamos a Eleanor Pottinger con las heroínas austenitas, vemos que los parecidos son nulos; lo del amor cortés no va con ella, y la espera, el anhelo y la personalidad tampoco forman parte de sus atributos... y así podríamos ir desgranando y comparando lo que no tiene semejanza, símil ni equiparación. En mi humilde opinión, Jane Austen no tiene cabida en esta novela, y no entiendo por qué debe estar en ella; por mucho que se la nombre, justifique o replique, en ningún momento sus personajes, esencias o mensajes se reconocen. Solo me queda pensar lo poco o nada que este libro tiene que ver con su persona, su obra ni nada relacionado con ella.
Dicho esto, arrancamos con ¿Qué haría Jane Austen?
Centrándome solo en libro, sin comparaciones, alegaciones ni alusiones a la figura legendaria, vemos como Eleanor Pottinger, costurera especializada en trajes Regencia, viaja a ese período junto con sus vestidos por medio de una magia potagia en una misión especial para ayudar a las hermanas Deirdre y Mina Cracklebury.
La buena de Eleanor, sin quererlo, se despierta una mañana en plena Regencia sin más equipaje que sus vestidos y los conocimientos de la época aprendidos en los libros de Jane Austen. En plena vorágine y desconcierto, sus sentimientos se intensifican mezclándose con los paisanos de la época, produciéndose en ella remolinos y fuerzas desenfrenadas que ocupan todo su tiempo y sus pensamientos, convirtiéndose en el centro de todas las situaciones y circunstancias que le toca vivir en la casa de los Clacklebury. Toda la familia la confunde con una prima americana y viuda (posición que le da ciertas licencias), y así, integrándose y camuflándose como puede, comienza su misión especial.
La buena de Eleanor, sin quererlo, se despierta una mañana en plena Regencia sin más equipaje que sus vestidos y los conocimientos de la época aprendidos en los libros de Jane Austen. En plena vorágine y desconcierto, sus sentimientos se intensifican mezclándose con los paisanos de la época, produciéndose en ella remolinos y fuerzas desenfrenadas que ocupan todo su tiempo y sus pensamientos, convirtiéndose en el centro de todas las situaciones y circunstancias que le toca vivir en la casa de los Clacklebury. Toda la familia la confunde con una prima americana y viuda (posición que le da ciertas licencias), y así, integrándose y camuflándose como puede, comienza su misión especial.
Lo anterior, dicho a modo de sinopsis, puede parecer interesante y hacer presuponer al lector un cúmulo de expectativas, pero la verdad es que creo que Laurie Brown se queda en lo superficial y trillado, y no pasamos de la chica americana que encuentra un lord, se queda deslumbrada y enamorada ipso facto, y enseguida nos dejamos de cortejos y pasamos a mayores en un pis pas. Como nuestro buen lord no se ha visto en otra igual, cae rendido a sus pies sin remedio.
Se pierde toda la gracia por el camino, y como este camino es corto, pues no llegamos a saborear ninguno de los preámbulos ni los preludios de un romance decimonónico. Si a lo anterior le añadimos elementos austenitas, ensoñaciones eróticas, juegos de espías y viajes rarunos en el tiempo, el resultado en este caso es todo un chirriar y un rechinar.
Al final no me he creído nada de la historia, y eso que para estas cosas soy muy facilona... pero qué le vamos a hacer, será una cuestión personal y para gustos están los colores. Pienso que la autora tenía que haberse documentado y recreado más en la época, y haberle insuflado un poco de su espíritu (algo muy difícil de conseguir) para poder saborear y disfrutar de lo que de alguna manera Jane Austen nos quiso transmitir en sus libros... los cuales, por cierto, no solo eran románticos.
Laurie Brown dice que escribe porque le encanta, porque lo necesita para estar cuerda y porque le ayuda a olvidarse de todas las tareas domésticas que tiene que hacer. Durante el día es contable, y por las noches y los fines de semana se dedica a escribir. Le encanta compartir historias con final feliz en las que se narran las alocadas aventuras de héroes enérgicos y de fogosas heroínas. Escribe romances paranormales, históricos y contemporáneos, todos ellos con un tono a la vez cómico y sensual. Además de impartir conferencias de Florida a Washington, ha enseñado en numerosas clases de escritura en College de DuPage.
¿Qué haría Jane Austen? quedó finalista en los prestigiosos premios RITA Romance Writers of America en la categoría de Mejor Romance Paranormal de 2009.















