miércoles, 6 de julio de 2022

RESEÑA (by MH) ::: AQUEL SOFOCANTE VERANO - Eduard von Keyserling


 

 
Título original: Schwüle Tage
Autor: Eduard von Keyserling 
Editorial: Ediciones Invisibles
Traducción: Clara Formosa Plans
Páginas: 112
Fecha de publicación original: 1904
Fecha esta edición: mayo 2022
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 14 euros



 
Una novela breve en la que el enfant terrible de la literatura alemana pone en evidencia la doble moral de la alta sociedad de 1900. Bill, hijo de una familia aristocrática, ha suspendido los exámenes de acceso a la universidad. Como castigo, durante el verano, en lugar de pasar las vacaciones junto al mar con su madre y sus hermanos, tendrá que quedarse estudiando en la finca familiar, en compañía de su padre, con quien casi no tiene trato. A medida que van pasando los días, en un ambiente de calor asfixiante, Bill empieza a intuir el verdadero carácter de su padre, que dista mucho de la imagen que esconde detrás de las convenciones sociales.

Intensa y adictiva, Aquel sofocante verano es una de las pocas obras que este autor salvó del fuego cuando quemó su producción literaria.

Con la que está cayendo ahí fuera, mientras Ra decide mostrarse inmisericorde y yo me pregunto una y otra vez cómo puede gustarle a alguien el verano mientras caen casi 40º a la sombra (unos cuantos más al sol... ¡qué maravilla, oiga!), nada mejor que sumergirse en una lectura cuyo título promete exactamente lo mismo que la vida real pero sin sufrir las devastadoras consecuencias. Más bien al contrario, leer a Keyserling es siempre un maravilloso placer, y con Aquel sofocante verano le hago huequecillo en Netherfield por tercera vez (y las que quedan, espero).
 
El narrador de la historia es Bill, un joven de dieciocho años que ha suspendido el examen de bachillerato (la culpa es de los profesores, dice...), provocando el enfado de su padre quien, en lugar de dejarle pasar el verano junto al resto de su familia como siempre, se lo lleva a Fernow, la hacienda familiar. Y si algo desagrada al narrador no es que lo alejen de su familia, si no estar a solas con esa figura paterna ausente la mayor parte del tiempo a la que teme y le resulta totalmente desconocida... pero las penas con promesas de aventuras amorosas en ciernes son menos penas. Cerca de Fernow viven las chicas Warnow: Ellita, la mayor, resulta excitantemente inalcanzable; Gerda, la pequeña, es el objeto de los suspiros del protagonista. Y aunque se supone que Bill debe aprovechar la estancia en Fernow para estudiar, pronto descubre que su verdadero aprendizaje tomará otros caminos muy diferentes y que el verano que tiene por delante cambiará su vida para siempre.

Cuando leer a Keyserling tiene tintes de reincidencia, se perciben enseguida esos temas y esas sendas que tanto le gustaba recorrer en su literatura. La convivencia en el campo entre los señores y sus trabajadores (cuyas existencias se entrecruzan constantemente y cuyos límites de interacción social son difusos y borrosos en muchas ocasiones a pesar de los muchos escalones que los separan), la naturaleza omnipresente en la que siempre zambulle al lector con sus descripciones vivas, visuales y profusas, y sobre todo sus personajes, que parecen sacados de un molde imperfecto bañado en grises que les mueve a buscar su sitio tropezando a cada paso, equivocándose en cada recodo e intentando avanzar como pueden por una existencia que les hastía, les abruma, les enfurece, les confunde y les regala destellos de felicidad y dicha a partes casi iguales. 
 
Cuando se habla muchas veces de un autor se corre el riesgo de hablar siempre de lo que más nos gusta de su estilo, de resaltar siempre las mismas virtudes o de poner siempre el énfasis en las mismas particularidades inherentes a su carácter como literato. Soy consciente de que cuando hablo de Keyserling incido mucho tanto en esos cuadros que pinta con palabras sobre la naturaleza y los paisajes que ponen marco a sus historias como en sus personajes, pero es que estas dos cosas son puntales en su narrativa y en su forma de concebir la literatura, así que me vais a permitir que transite caminos ya recorridos con anterioridad.

Como ya os he comentado en otras ocasiones Keyserling solía usar como escenario la campiña báltico-alemana que él había conocido desde niño y en la que pasaba buena parte de su tiempo ya como adulto, y en ese marco colocaba a sus personajes arcaicos, aristócratas que caminaban a tientas, perdidos y asustados, en la entrada de un nuevo siglo repleto de cambios tan sugerentes como inciertos que, mientras para ellos representaban desconcierto y la pérdida progresiva de su estatus prevalente, para las clases humildes e inferiores supuso el derribo de las murallas que los separaban de sus señores y una libertad para interactuar con ellos que antes resultaba impensable. En las escasas cien páginas que componen este excelente adagio estival llamado Aquel sofocante verano, su autor se las compuso para volver a capturar, desde esa ventana que era su propia experiencia vital, una imagen llena de nostalgia, vulnerabilidad, melancolía, inquietud, turbación y sensualidad, todo silueteado por praderas serenas salpicadas de tilos, olmos y sauces que desprenden aromas y susurros y que, de tanto en tanto, se iluminan durante la noche bajo los relámpagos dorados de las tormentas veraniegas. Keyserling se asoma a la hacienda familiar de Fernow para observar desde allí sus tierras, nos monta en carruaje y nos lleva a visitar a las vecinas, nos invita a comer con ellas, nos pasea por caminos que huelen a rocío y a sol, nos detiene bajo la sombra de altos árboles que son testigos de conversaciones prohibidas y nos transmite la proximidad de cuerpos calientes que buscan, tantean.. pero no siempre encuentran lo que más les conviene.

Aquel sofocante verano está narrado desde el punto de vista de Bill, y esto sí que ha supuesto una novedad para mí, pues ya son unos cuantos los libros que he leído del autor y este es el primero en el que he encontrado una narración en primera persona. Esta perspectiva nos muestra a un Bill todavía inocente a pesar de que él cree saber más de lo que realmente sabe, hasta el punto de que muchas veces ve y escucha pero no entiende, yendo el lector por delante de él a la hora de interpretar conversaciones y hechos de los que él es protagonista o testigo. El caso es que Bill no solo pertenece a la alta sociedad, sino que además tiene apenas dieciocho años, y su voz resulta imprescindible e interesante por dos motivos. Uno es el de la relación que tiene con su padre, la falta de comunicación entre ellos y la rabia que le invade ante cualquier palabra suya, el desasosiego ante lo que se espera de él como primogénito de una familia como la suya, la contención que se le exige, la imagen que tiene de ese progenitor desconocido que se sienta con él a la mesa y que se pierde en mundos y reflexiones que lo alejan, sin prisa pero sin pausa, de su hijo... Pero sobre todo resulta interesante el otro punto de vista, el que desborda al adolescente que quiere saber, conocer, aprender... que cree amar y al tiempo quiere experimentar, y que solo puede hacerlo a través de su relación con la gente humilde de los alrededores o  los trabajadores de la hacienda, que por su parte lo respetan poco o nada. Ambos enfoques se complementan y se nutren el uno al otro durante toda la narración, y Bill conseguirá su objetivo: sabrá, aprenderá, experimentará... pero probablemente no del modo que él esperaba al llegar a la hacienda a comienzos de ese sofocante verano.

Lo voy a ir dejando aquí. No creáis que os he contado mucho porque apenas he esbozado la trama, y ni siquiera os he hablado de personajes que resultan cruciales en ella y en los acontecimientos que provocan el final de la historia... porque sí, lo digo siempre: en la obra de Keyserling muchos dirían que no ocurre gran cosa, y nada más alejado de la realidad. Sí que pasa, la misma vida pasa... pero siempre de una manera velada, asomándose por las contraventanas mientras asienta los cimientos de unos desenlaces que nunca dejan indiferente al lector.

Lo digo y lo repito siempre, se habla poquísimo de Eduard von Keyserling, y creo que se merece mayor reconocimiento y llegar a un número mucho más vasto de lectores. Son lecturas sencillas en su forma pero que invitan a la reflexión sobre el mundo interior que escenifican y, como sé que es algo importante para muchos lectores, también son breves en cuanto al número de páginas. Muchas veces me quejo de que hay autores apenas traducidos al castellano y sin embargo tenemos la suerte de poder encontrar buena parte de la obra de Keyserling traducida, así que es cuestión de ponerse. Aquel sofocante verano es una fantástica opción para empezar.


Eduard Graf von Keyserling nació en el castillo de Paddern, cerca de Hasenpoth (Aizpute), Curlandia, en 1855. Miembro de una antigua y noble familia alemana del Báltico, y familiar del filósofo Hermann Keyserling, estudió en la Universidad de Dorpat, pero fue obligado a abandonar sus estudios debido a un incidente que le alejó de los círculos aristocráticos. Tras mudarse a Viena, continuó estudiando y empezó a familiarizarse con las ideas sociales del naturalismo. Fue entonces cuando comenzó a publicar.
 
Posteriormente se trasladó a Múnich, de donde, a excepción de una corta estancia en Italia, ya no saldría. Allí frecuentó nuevos círculos artísticos, entre los que se encontraban L. Corinth, M. Halbe, R. Kassner y F. Wedekind. Durante esta etapa escribiría muchas obras de teatro, pero lo que le condujo al verdadero reconocimiento fueron sus novelas. 
 
Ya enfermo de sífilis, en 1904 publicó la novela Un ardiente verano (Nocturna, 2010). En 1908 se quedó ciego y hubo de dictar sus últimas novelas a sus hermanas, hasta su muerte en 1918.

lunes, 4 de julio de 2022

RESEÑA (by MH) ::: LAURA - Vera Caspary



Título original: Laura
Autora: Vera Caspary
Editorial: Alianza
Traducción: Pilar de Vicente Servio
Páginas: 320
Fecha publicación original: 1942
Fecha esta edición: junio 2016
Encuadernación: bolsillo
Precio: 12,50 euros
Ilustración de cubierta: Gene Tierney en Laura, de Otto Preminger

Una hermosa mujer, Laura, aparece asesinada de un tiro en su lujosa mansión de Nueva York. En el escenario del crimen, donde un gran cuadro da fe del enigmático atractivo de la víctima, comparece el duro y baqueteado detective Mark McPherson, encargado del caso. Su investigación se centra principalmente en Waldo Lydecker y Shelby Carpenter, sospechosos por sus vínculos sentimentales con ella. Pero la atracción y el misterio de Laura pueden seguir actuando desde más allá de la tumba...

Creo que buena parte de los aficionados al cine clásico hemos visionado Laura (joya del cine negro dirigida por Otto Preminger en 1944), al menos una vez en nuestra vida cinéfila. Además es de esas películas de las que no olvidas ni los giros de la trama ni su final, con lo que imagino que puede parecer innecesario acercarse a la novela original de la que parte la historia... craso error. Bueno, en mi caso yo siempre abogo por leer el libro aunque ya haya visto la adaptación cinematográfica, así que no suelo tener ese problema, pero si sois de esos de "para qué leer el libro si ya he visto la película" pensadlo dos veces en este caso. Laura, de Vera Caspary, no solo es una muy buena novela que merece ser leída y sobre todo conocida (porque creo que muchos lectores ni siquiera saben que existe), sino que creo que aunque la película es fantástica, en ciertos aspectos funciona mejor la novela. Y ya, ya sé que eso es lo habitual, que la novela sea mejor que su adaptación, pero sé que en este caso no todo el mundo estará de acuerdo conmigo y pondrá la película por encima... yo creo que se complementan y que ambas son fantásticas, pero que cada una tiene sus puntos fuertes.
 
¿Cómo comienza la novela? Con Laura Hunt ya asesinada. No la conocemos, no nos la presentan, no se nos introduce a un elenco de personajes para que cuando Laura fallezca tengamos un amplio abanico entre el que escoger a nuestros sospechoso. No, Laura ha muerto, alguien a quien le acababa de abrir la puerta de su propia casa le ha pegado un tiro en la cara. Iba a casarse en unos días, pero le había pedido a su prometido unos días de alejamiento y soledad; había quedado a cenar con su mentor y también había anulado esa cena. Sea por la razón que sea, el caso es que estaba en su casa, que ha muerto, y que ahora lo que toca es reconstruir a un personaje que fascina a unos, atrae a otros, que empezó siendo nada y nadie y llegó a ser todo un personaje de la sociedad neoyorquina gracias a la mentoría de un señor enamorado de ella platónicamente, pero que para nuestro investigador no es otra cosa que una "tipa infiel más". Quiere terminar pronto y marcharse a un partido de baloncesto, pero las cosas en la alta sociedad, con sus dobles existencias, sus poses y sus fachadas sociales nunca son rápidas, y Laura, su vida, sus relaciones, su misma esencia, resultan complicadas, escurridizas y difíciles de encuadrar de un solo vistazo. ¿Quién mató a Laura? ¿Por qué? Y sobre todo... ¿quién era ella realmente?
 
Lo que hace Caspary es contar la historia en cinco partes narradas desde el punto de vista de distintos personajes (algunos repiten, otros no). La primera parte está narrada por el señor Waldo Lydecker, novelista (que desprecia la literatura de misterio o policíaca, y para ello sirva de ejemplo el fragmento que cito abajo) e íntimo amigo de la fallecida Laura, además de su mentor; él es quien, por así decirlo, convirtió a una chica provinciana que se ganaba la vida trabajando como comercial de puerta en puerta en la mujer exitosa y sofisticada que era en el momento de su muerte. La narración de la segunda parte corre cargo de teniente Mark McPherson, detective especializado en delitos políticos a quien le han endosado un crimen como este, sencillo y simplón en apariencia, solo porque su superior quiere fastidiarle un poco. Para él, Laura es una mujerzuela como tantas otras con todas las trazas de ser infiel que no le provoca la más mínima conmiseración, pero cuando empieza a indagar en su vida se obsesiona con ella, con la persona que era y los motivos que la impulsaban a actuar como lo hacía... y comienza a sentirse perdido en su propia investigación. Y aquí lo tengo que dejar. 
Me mantengo fiel a mis prejucios. Sigo considerando la historia de misterio convencional como un exceso de ruido y de furia, que lejos de no significar nada, representa una necesidad bárbara de violencia y venganza en esa horda tímida que se conoce como el público lector. La literatura de investigación de asesinatos me aburre tan profundamente como su práctica irritaba a Mark McPherson. Y aun así, me siento obligado a contar esta historia, igual que él se vio obligado a continuar con sus pesquisas, por una implicacón emocional profunda con el caso de Laura Hunt. Ofrezco este relato no como un cuento detectivesco, sino como una historia de amor.
Os digo desde ya que si os encontráis con alguien que os hable más allá de todo esto que yo os he contado, debéis huir en dirección contraria, porque en esta segunda parte se revela el giro argumental que le da una vuelta de 180º a la trama. Si habéis visto la película sabréis cuál es, pero si no la habéis visto hay que llegar a él totalmente in albis. Así que no os puedo decir qué otros narradores cuentan y hacen avanzar la historia ni lo que eso supone para la investigación, pero sí os puedo decir que la autora intentó huir de la literatura de género que se publicaba en la época, con policías corruptos y deshonestos, personajes femeninos unidimensionales (o muy buenos o muy malos) y tramas demasiado rocambolescas. Su intención fue darle un giro a todo esto y, sobre todo en el caso de los personajes femeninos, dotarles de una complejidad y unos grises que en aquellos momentos brillaban por su ausencia literariamente hablando.

Dicho todo esto, no puede sorprender que en un principio le costase colocar su idea. Primero quiso venderla como obra de teatro, y tras no conseguirlo lo intentó como guión de cine. Cuando vio que ninguna de las dos vías fructificaba fue cuando surgió la Laura literaria que le dio fama, cuya narración a varias bandas y en primera persona nos permite esbozar (gracias a lo que otros opinaban de ella) un retrato psicológico tanto del personaje de Laura (cómo llegó al lugar que ocupaba socialmente, las diferencias entre la Laura en compañía y la Laura hogareña, lo que buscaba en la vida, sus metas, sus anhelos, su determinación a tomar sus propias decisiones y desligarse de aquellos que querían tomarlas por ella) como de los dos personajes masculinos protagonistas, que establecen una especie de rivalidad que en un principio parece basada en sus diferentes estatus sociales (por un lado Lydecker, novelista perteneciente a la alta sociedad, hedonista, gourmet sibarita y coleccionista de antigüedades; por el otro McPherson, detective con reputación e inquietudes intelectuales que no deja de ser un poli, por muy listo que sea) pero que luego deriva en un círculo que no deja de girar en torno a Laura y en el que parecen dar vueltas constantes tanto el que parece que la amaba en vida como el que parece haberse enamorado de ella en la muerte.

He revisionado la película tras leer el libro, y aunque no voy a haceros una reseña combo de esas que hacía años ha, sí que quiero comentar que se distancia en cierto modo de la novela. Quizás no en lo esencial, en la base que lo mueve todo, pero tras haber leído la novela y visto la adaptación casi de manera consecutiva, las diferencias saltan a la vista. Y ya no hablo de los muchos cambios que son de esperar al pasar el papel a la pantalla, sino que algunos de los personajes se me han quedado a medio camino, algo que he sentido sobre todo con el teniente McPherson, al que me costaba reconciliar en mi cabeza con el McPherson literario (eso, sí, físicamente Dana Andrews da totalmente el pego). Sé que, tal y como digo arriba, estaré cometiendo sacrilegio, pero aun pareciéndome maravillosa la película de Otto Preminger, casi que os diría que en algunos aspectos me ha gustado más todavía la novela, porque tiene ventanas al interior de los personajes que en la película ni se intuyen. Pero vamos, que ambas por sí mismas son totalmente recomendables, y el tándem Gene Tierney/Vincent Price siempre es un lujazo (creo que, ahora que estoy de vacaciones, voy a revisionar Dragonwyck en cuanto pueda... otra vez).
 
En fin, que quien guste de la novela policíaca americana de los años 30 y 40 con regusto clásico (y muy alejada del hardboiled de Chandler o Hammett, que era precisamente la intención de la autora), disfrutará mucho de Laura. Los personajes son carismáticos, el giro que pone la novela patas arriba ocurre bien pronto cambiando todas las tornas de la investigación, y a eso se suma que la intención teatral y cinematográfica inicial de la historia sobrevivió a su transformación en novela y visualmente, en cada uno de sus escenarios y en cada uno de sus diálogos, es una película en sí misma aunque nunca hayas visto la adaptación. En definitiva es una muy buena novela con unos interrogatorios y conversaciones inteligentes en los que todos se tantean entre sí y bregan por descubrir lo que cada cual esconde bajo la manga. Es una pena que se haya traducido tan poquísimo a Vera Caspary, la verdad, a ver si alguna editorial se anima, que lo que se puede encontrar por ahí son traducciones del año de maricastaña.

Antes de terminar, una tontería. Hay una escena muy, muy concreta en el libro que si no fue el germen o la idea de la que partió la película Único testigo (la de 1985, con Harrison Ford y los amish y tal...), lo parece. Lo parece mucho. No es exactamente lo mismo, claro, pero resulta imposible no ver las similitudes (o será que he visto muchas veces Único testigo xD). Tengo que investigarlo, porque me he quedado con la duda (también es verdad que yo le echo mucha imaginación a estas cosas, pero alguna vez tendré que acertar).




Novelista, dramaturga y guionista, Vera Caspary nació en Chicago en 1899. Publicada en la época dorada del género, "Laura" (1942) es un clásico indiscutible de la novela negra que conoció el favor del público desde el primer momento y fue llevada al cine con gran éxito por Otto Preminger.

jueves, 26 de mayo de 2022

RESEÑA (by MH) ::: DAISY MILLER - Henry James


 
Título original: Daisy Miller
Autor: Henry James
Editorial: Continental
Traducción: no consta en la edición
Páginas: 132
Fecha publicación original: 1878
Fecha esta edición: febrero 2014
Encuadernación: rústica
Precio: 6,76 euros
La señorita Annie P. Miller aparece en Vevey, Suiza, con su madre y su hermano. Su padre, opulento y tosco nuevo rico, quiere pulirla y europeizarla. Daisy, como es llamada, conoce a un refinado joven norteamericano llamado Winterbourne, que se interesa por ella, desconcertado por su desenfado y su coqueta falta de tacto. Se vuelven a ver en Roma y él trata de corregir la conducta de Daisy, sobre todo cuando comienza a coquetear públicamente con un italiano de poca clase llamado Giovanelli. Esto lleva a que la colonia norteamericana en Roma la condene al ostracismo. Daisy muere de unas fiebres contraídas en plena noche romana a solas con Giovanelli, y sus últimas palabras fueron un recado para Winterbourne: "Decidle que jamás me prometí a Giovanelli", como una invitación casi póstuma a largo noviazgo de ultratumba. Toda la tensión de amor y recelo entre Daisy y Winterbourne se debieron exclusivamente a un desajuste social.


Quería traeros al blog alguna obra corta de Henry James, que desde que os hablé hace ya tres años de Lo que Maisie sabía no había vuelto a acercarme al autor (en el blog, me refiero... leerlo sí lo he leído durante este tiempo). Hay mucho donde elegir, porque aunque James es reconocido sobre todo por sus novelas largas, es en sus nouvelles y relatos donde condensa en breves pero rotundas pinceladas todos los temas que definen su obra. Así pues, y tras algún que otro contratiempo, hoy por fin vengo a hablaros de Daisy Miller (contratiempo en forma de castigo por ser superficial con las ediciones. Compré una muy bonita pero me encontré una traducción que era todo lo contrario y que tuve que abandonar... era eso o tirar el libro por la ventana. La edición que traigo hoy necesita veinte correcciones, pero al menos se puede leer sin querer arrancarte los ojos y los personajes se hablan de una manera normal y adecuada para la época... que tampoco es que pida mucho, lo prometo).
 
La historia comienza en Vevey, un pequeño pueblo suizo situado a orillas del lago Lemán donde acuden de manera regular muchos turistas tanto europeos como norteamericanos. Allí pasa unos días el señor Winterbourne, norteamericano de nacimiento que hace muchos años que vive en Suiza, cuando conoce a Daisy Miller, jovencita norteamericana que está viajando por Europa junto a su madre y su hermano. Winterbourne se siente tan fascinado como desconcertado desde el primer momento ante la actitud de la señorita Miller, que lo trata desde el instante en que se conocen, sin tan siquiera saber su nombre, con una confianza muy mal vista por pagos europeos. Esta total ausencia de decoro y respeto por la rectitud moral recibe críticas de todo el mundo, y aunque Winterbourne la asocia al principio a la coquetería ingenua y típica de las muchachas norteamericanas, nunca termina de tenerlas todas consigo... ¿es realmente tan ingenua como él cree o solo una fresca a la que no conviene acercarse demasiado? Porque él está perdidamente enamorado, pero Daisy no se ajusta a lo que cabe esperar de una joven soltera que debe cuidar de su reputación.

Daisy Miller apareció por primera vez en The Cornhill Magazine, una revista literaria mensual que comenzó a publicarse en 1860 y que finalmente cerró sus puertas en 1975 (como curiosidad, nació para hacerle la competencia a All The Year Round, la revista de similares características que publicaba Charles Dickens, y para tal efecto ficharon como editor nada menos que a William Makepeace Thackeray, autor de La feria de las vanidades... y consiguió dicho éxito publicando novelas por entregas de autores como Elizabeth Gaskell, Wilkie Collins, Anthony Trollope, Thomas Hardy, el propio Henry James, etc...). El caso es que Daisy Miller vio la luz en esta revista en 1878, fue publicado como libro el año siguiente y, a día de hoy, sigue siendo una de sus obras más conocidas y aclamadas.

¿Qué ofrece Daisy Miller? Pues algunos de los temas que pulularon por toda la obra de su autor pero en una ración condensada en poco más de cien páginas... como esos frasquitos de perfume de muestra para llevar en el bolso: contienen el mismo producto que el frasco grande pero en un tamaño mucho más manejable. Y con esto os estoy diciendo que si leer a Henry James en sus novelas largas se os hace cuesta arriba, no dejéis de probar a leerlo en su narrativa corta, que hay mucho donde elegir, casi siempre se movía por cauces muy parecidos a sus obras más reconocidas y merecen muchísmo la pena. Y ya puestos a recomendar, como sé que la prosa densa de este autor no siempre entusiasma, os aconsejo su obra más temprana, donde ya era un maestro escribiendo pero su estilo era mucho más accesible. Daisy Miller pertenece a este último grupo; apenas ("apenas") había publicado tres libros antes de esta nouvelle y justo después publicó Washington Square (maravillosa, si me preguntáis a mí).

Bueno, al lío, que me disperso. ¿Cuáles son esos dos temas que imperan en Daisy Miller? Uno de ellos, invariablemente, es el de enfrentar las costumbres y sociedad europeas con las americanas. Winterbourne es norteamericano pero lleva muchos años viviendo en Europa, y su moral, su sentido del decoro y su idea de las buenas maneras en sociedad son las europeas: una jovencita no habla con otra persona si no ha sido presentada antes, no debe andar sola por ahí con hombres y por tanto tiene que ir siempre acompañada por alguien que otorgue respetabilidad a situaciones que pueden comprometer su reputación, debe ser prudente y no decir lo primero que se le pasa por la cabeza, no deben verla acompañada siempre por el mismo hombre y mucho menos pasearse de noche con él...  No os sorprenderá si os digo que todo esto y mucho más es lo que hace Daisy Miller desde el primer momento en que aparece en la novela. Winterbourne descarga todas sus dudas en el hecho de que ella sea americana y en que allí las etiquetas sociales son menos estrictas, pero lo cierto es que durante todo el libro vemos que Daisy es criticada por igual tanto por europeos como por norteamericanos que, en principio, si de verdad el problema fuese "la nacionalidad", la comprenderían o se identificarían con ella en lugar de atacarla. Así que sí, este tema está patente durante toda la historia, pero parece que los tiros van más en la otra dirección, ese segundo tema que os decía que introduce el autor.
¿Qué es lo que ha hecho?

Todo lo que aquí no se hace. Coquetear con el primero que encuentra, sentarse en los rincones con misteriosos italianos, bailar toda la noche con la misma pareja, recibir visitas a las once de la noche. Cuando llegan los visitantes su madre se retira.

Básicamente, damas y caballeros, lo que intenta dilucidar esta historia es la respetabilidad de Daisy Miller, su decoro, su decencia, su virtud y si es o no una desvergonzada, y Winterbourne navega todo el libro entre sus propias sensaciones (que tienden a otorgarle inocencia en todas sus acciones o como mucho a achacarlas a su falta de cultura y de buena educación) y las sensaciones de todos los demás (que tienden a condenarla como una perdida y una fresca). Daisy se sabe objeto de todas estas atenciones y discusiones, sabe que es la comidilla de la buena sociedad y que hasta los sirvientes se ríen desvergonzadamente cada vez que un hombre acude a visitarla, y se pasa todo por el arco del triunfo (Henry James se estará revolviendo en su tumba ante tamaña ordinariez). Actúa como cree conveniente, se comporta como estima oportuno y no recula ni un milímetro cuando un hombre intenta decirle lo que tiene que hacer y como debe comportarse. No puedo ir más allá, es una historia muy corta, pero la novela pone sobre la mesa más escenarios y temáticas de los que pueda parecer a primera vista.
Nunca he permitido a caballero alguno decirme lo que tengo que hacer, o interferir en algo que yo haga.
A título personal, la lectura de este libro ha tenido un aliciente extra: su ambientación, o su doble ambientación, en realidad. En la primera parte de la historia, y gracias a su ubicación en una localidad del Cantón de Vaud, los personajes visitan el castillo de Chillon, una maravilla de origen medieval a orillas del lago Lemán que tuve la oportunidad de visitar yo también hace unos años y que siempre recordaré porque estaba cayendo el diluvio universal y mientras todo el mundo se resguardaba donde podía yo fui casi nadando con tal de no quedarme sin verlo. Inspiración para multitud de escritores (Flaubert, lord Byron, Dumas...) merece que os acerquéis a él si pasáis por aquellos lares, y si accedéis desde el largo paseo costero que va desde Montreux hasta allí, os encontraréis también un monumento a Freddie Mercury (pasó en aquella zona parte de su vida). En fin, que me han hecho ilusión las escenas ambientadas en este castillo, nunca había leído nada situado en Chillon. La segunda parte de la historia está ambientada en Roma, de la que por razones obvias no hace falta que comente nada salvo que la adoro y que espero volver a pisar algún día (sería la tercera vez). Fin del kitkat turístico que no interesa a nadie pero que yo os endoso, que para eso es mi casa :)

En fin, ¿por qué recomiendo leer Daisy Miller? Os diría que porque es Henry James y eso ya es suficiente motivo, pero como soy consciente de la aversión que produce en ciertos lectores (que no comparto, huelga decirlo), tengo que ir más allá. Así que al hecho de ser un Henry James añadiría que también es un buen ejemplo de su narrativa corta en su primera etapa como escritor, y eso implica que tiene mucho de lo bueno que le hizo famoso pero sin el estilo un tanto barroco que muchos deploran. Es decir, que acomete temas interesantes como las diferencias entre la clase burguesa americana y la europea, el rol de la mujer en el último cuarto del siglo XIX, la rebeldía de la mujer joven y moderna ante las normas y restricciones sociales imperantes en la época (las New Women no tardarían en hacer su aparición en escena), las consecuencias y castigos impuestos por una sociedad que no estaba todavía preparada para esa reclamación de independencia y libertad, la carencia de inteligencia emocional a la hora de juzgar el carácter y comportamiento de otras personas, la ausencia de valentía a la hora de hacer primar las opiniones propias ante las ajenas por miedo a sufrir el rechazo de la buena sociedad... muchos caminos que transitar en pocas páginas y todos espléndidamente introducidos y pincelados por el autor de una manera tan sutil y sencilla como redonda, aguda e inteligente. A Daisy Miller no le sobra ni le falta nada, y si a día de hoy sigue siendo una de las obras más reconocidas y aclamadas de James, por encima incluso de algunas mucho más famosas, por algo será.
 

Henry James nació en Nueva York en 1843, en el seno de una rica y culta familia de origen irlandés. Recibió una educación ecléctica y cosmopolita, que se desarrolló en gran parte en Europa¬. En 1875, se estableció en Inglaterra, después de publicar en Estados Unidos sus primeros relatos. El conflicto entre la cultura europea y la norteamericana está en el centro de muchas de sus obras, desde sus primera novelas, Roderick Hudson (1875), Washington Square (1880) o El americano (1876-1877), hasta El Eco (1888) o La otra casa (1896) y la trilogía que culmina su carrera: Las alas de la paloma (1902), Los embajadores (1903) y La copa dorada (1904).

Maestro de la novela breve y el relato, algunos de sus logros más celebrados se cuentan entre este género: Los papeles de Aspern (1888), Otra vuelta de tuerca (1898), En la jaula (1898), Los periódicos (1903) o las narraciones reunidas en Lo más selecto. Fue asimismo un brillante crítico y teórico, como atestiguan los textos reunidos en La imaginación literaria.

Nacionalizado británico, murió en Londres en 1916.

lunes, 23 de mayo de 2022

RESEÑA (by MH) ::: ASESINATO EN MESOPOTAMIA - Agatha Christie


 

Título original: Murder in Mesopotamia
Autora: Agatha Christie
Editorial: RBA
Traducción: Ángel Soler Crespo
Páginas: 240
Fecha de publicación original: 1936
Fecha esta edición: 2010
Encuadernación: cartoné
Precio: descatalogado (disponible de segunda mano)



https://inquilinasnetherfield.blogspot.com/p/esta-pagina-la-abro-yo-mh-modo-personal.html
En pleno desierto iraquí, en un campamento arqueológico situado junto al yacimiento de Tell Yarimjah, Mrs. Leidner da signos de una creciente manía persecutoria que le provoca aterradoras alucinaciones. Aunque nadie da mayor importancia a sus temores, ya que cree que pretenden asesinarla, su marido -el director de la excavación- contrata a una experta enfermera para que cuide de ella. El Dr. Leidner y su equipo sólo comprenden la gravedad del asunto cuando la mujer aparece muerta en su lecho con una horrible herida en la cabeza. En este nuevo caso de Agatha Christie, el detective Hércules Poirot se enfrentará a misterios que parecen ir más allá de sus posibilidades. La autora británica mezcla en esta ocasión lo razonable con lo sobrenatural para conducir al lector a un laberinto de sospe-chas, indicios y pistas que alejarán progresivamente la resolución del crimen. Poirot, que contará con la inestimable ayuda de la enfermera Leatheran, deberá aplicar con esmero sus particulares métodos de indagación para dar finalmente con el asesino.
 
Os dije que volvería prontito con otro Agatha Christie y aquí estoy... casi dos meses después. Desde hace tiempo me cuesta un mundo sentarme a escribir reseñas, no me lo tengáis en cuenta. Seguimos en el año 1936 pero nos vamos nada menos que a Mesopotamia. Cómo se va notando desde hace unos libros el cambio de vida que experimentó Agatha desde que en 1930 viajó sola por primera vez a Bagdad, comenzó a visitar zonas arqueológicas, a trabar amistad con los integrantes de las excavaciones y a convertir todo eso en parte de su propia vida durante varias décadas tras casarse con Max Mallowan, con quien viajaba frecuentemente al Medio Oriente. Ya introdujo a dos arqueólogos como personajes y se habló de excavaciones en Muerte en las nubes, y en este libro que hoy nos ocupa ya directamente ambienta su misterio entre los integrantes de una excavación arqueológica en Irak. 
 
La historia, tal como digo, nos lleva al desierto iraquí, donde se está llevando a cabo una expedición arqueológica al mando del doctor Leidner. Su esposa, que lo acompaña en la excavación, lleva un tiempo nerviosa, tiene miedo de algo o alguien que no nombra, ve cosas que los demás no ven... y en una localizacion tan pequeña como esa, en la que todos los miembros de la expedición viven en el mismo edificio y comparten todas las horas del día que no están destinadas al trabajo, resulta incómodo. Por ello el doctor Leidner busca la ayuda de Amy Leatheran, enfermera que queda libre de su trabajo en Bagdad justo en ese momento, y que llega a la expedición para cuidar de la señora Leidner. La enfermera Leatheran encuentra a su llegada un ambiente extraño, tenso, con unas dinámicas entre los miembros de la expedición un tanto raras... hasta que se comete un asesinato de estos que parecen de difícil resolución, a primera hora de la tarde en un lugar con un acceso muy limitado donde siempre hay gente pululando y donde parece imposible que alguien entre y salga sin que absolutamente nadie lo vea. Pero el caso es que el crimen se ha cometido y que hay que resolverlo, y para eso nada mejor que Hércules Poirot, que "casualmente" pasaba por Mesopotamia :)
 
Estamos nuevamente ante un caso de Poirot (y es ya el decimocuarto de su carrera... os recuerdo que, aunque miss Marple es muy famosa, realmente protagonizó muy poquitos libros si tenemos en cuenta la extensísima produccion de su creadora, y salvo una recopilación de relatos, entre su primer caso y el segundo pasaron doce años)... bueno, decía que estamos ante un nuevo caso de Poirot, y como la acción transcurre en Mesopotamia y su aparición está pillada con pinzas (la autora dice en la novela que es una casualidad y aparentemente no se molesta en inventarse una buena excusa... y la palabra clave es "aparentemente", porque era más lista que el hambre e hilaba muy fino. Os explico esto al final, porque de casualidad nada), en esta ocasión no hay Hastings que valga, así que se busca otro narrador que realice las funciones que habitualmente realiza Hastings: la elegida es una mujer, la enfermera Amy Leatheran.
 
La enfermera Leatheran funciona a la perfección como narradora tanto por su precisión en los detalles como por no guardarse ni una sola de sus opiniones sobre cada uno de los personajes que forman parte de esta historia, Poirot incluido (ya sabemos que el detective belga, de primeras, no impresiona a nadie). Además sabe expresar muy bien el ambiente que reina en esta excavación, donde se percibe tirantez, ansiedad, desasosiego y una sensación constante de que algo malo va a pasar (y pasa, claro... de otro modo no estaríamos hablando del libro xD). Me ha gustado también mucho lo bien y sencillo que explica cómo funcionaba una expedición arqueológica en aquella época, el rol que cumplía cada uno de sus componentes, a qué se dedicaban los acompañantes que no tenían una ocupación per sé en la dinámica diaria, la permanente presencia de ayudantes locales pululando por todas partes y la convivencia en un espacio no demasiado grande donde cruzarse con alguien a cada momento era una tónica habitual que hacía casi imposible guardar secretos o mantener una cierta privacidad. 
 
Rencores, desavenencias, resentimientos, enemistades, atracciones, afinidades, posibles romances, conflictos de personalidades... una comunidad pequeña pero muy heterogénea en la que caben todo tipo de sentimientos es caldo de cultivo para un asesinato imposible a priori pero que por razones obvias sí puede llevarse a cabo, y además pronto queda claro que la personalidad de la víctima, los secretos que escondía y el enrarecimiento que ambos factores impulsaba en las relaciones entre todas las personas que la rodeaban será clave para resolver el asesinato. Ya sabemos lo bien que se le dan a la Christie este tipo de situaciones, y llevárselo al desierto es una manera de rodear de más dificultades un asesinato que ya de por sí se plantea complicado... pero como dice Poirot en cierto momento, lo imposible es precisamente lo que investiga más a fondo.
 
Os decía antes que Agatha hilaba muy fino, y os cuento por qué. En la cronología de las novelas protagonizadas por Poirot, justo en este momento no tiene razón de ser que esté así por que así en Mesopotamia, y de hecho la propia Agatha lo justifica como una simple casualidad... pero en realidad no lo es tanto, y como quien no quiere la cosa lanza un detalle al vuelo durante la narración al decir como de pasada que Poirot acaba de resolver un asesinato a bordo de un tren... lo que temporalmente sitúa a Poirot en esta novela poco después de haber resuelto el crimen de Asesinato en el Orient Express, que evidentemente, dada la ruta del tren, le llevaba por aquellos lares asiáticos, y que fue publicado dos años antes. ¿Cómo apaña esto con el hecho de que entre Asesinato en el Orient Express y Asesinato en Mesopotamia se publicasen varios libros de Poirot  con el personaje ya tranquilamente de vuelta en Londres desde hace mucho tiempo? Pues cogiendo una narradora totalmente ajena al universo Poirot que cuenta su historia bastante tiempo después de que ocurriese a petición de otro de los personajes implicados. Así que todo queda ordenadito y mucho más argumentado de lo que nos quiere dar a entender Agatha en el propio libro... y para tonterías como esta, que a vosotros os darán igual pero que te hace feliz descubrir como lectora, se leen las bibliografías en orden. Ya lo he dicho muchas veces. Para esto, para acompañar la progresión de los personajes y para ser testigos de como la vida personal de Agatha se traslada a sus novelas, tanto cuando esa vida le iba bien como cuando le fue mal o como cuando sus nuevas experiencias vitales resultaban el marco perfecto para nuevas intrigas y asesinatos. Suerte que Poirot le salió muy viajero casi desde el principio... :)



Agatha Christie (1891-1976) es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan solo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de copias en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott.

Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en un hospital durante la primera guerra mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930.