Un año más Mónica (Serendipia) nos propone su reto de recomendaciones y, aunque en Netherfield llevamos dos años de fracaso (todos los libros leídos pero no todos reseñados), somos puntuales a la cita.
Las bases las podéis leer en su página, pero igualmente os las recordamos. En la primera fase hay que proponer tres lecturas que nos hayan gustado mucho y que no sean excesivamente conocidas (y si tienen
reseña para poder enlazarla mejor, pero no es imprescindible). Tenemos de plazo hasta el 20 de enero para colgar la entrada y hacer nuestras propuestas.
En la segunda fase (aquí),Mónica comparte en una entrada todas las lecturas propuestas, y de entre ellas hay que escoger al menos tres, que serán las que habrá que leer y reseñar a lo largo del año.
Los enlaces a las lecturas que se vayan haciendo hay que colgarlos en la misma
entrada donde se han realizado las propuestas (en nuestro caso, esta
misma).
Vamos con las propuestas.
Este año todas las recomendaciones son mías (MH), fueron reseñadas en el blog durante 2021 y
están correspondientemente enlazadas. He intentado que sean libros que no tienen demasiada presencia en blogs o redes sociales pero que se puedan encontrar con relativa facilidad (reseño muchas lecturas descatalogadas o en vías de estarlo), y teniendo en cuenta que el año pasado prácticamente, y salvo contadísimas excepciones, solo reseñé clásicos, ya sabéis por donde irán los tiros.
Una pareja de mediana edad acoge a un inquilino con comportamientos muy extraños justo cuando una ola de crímenes asola las neblinosas noches de Londres. Inspirado en los crímenes de Jack el destripador, me parece una novela muy recomendable si os gustanlos misterios clásicos y narraciones atmosféricas que trasladan a las mismas páginas del libro.
Selma Lagerlöf ha sido uno de mis descubrimientos de este pasado 2021 y si hubiese reseñado otro libro que leí suyo probablemente sería el que estuviese aquí por ser más desconocido todavía. En su defecto os recomiendo este cuento maravilloso que bien merece que le deis una oportunidad.
He visto recientemente alguna muy mala opinión sobre este libro y eso hace que me salga la vena reivindicativa y que tenga su hueco entre estas recomendaciones. Es una novela muy de su época y además es muy entretenida. ¡Que viva la Pimpinela Escarlata!
Un año másPaco, de Un lector indiscreto. propone su resto de clásicos y no podemos faltar a él.
Las bases las podéis encontrar en Un lector indiscreto, pero principalmente hay que establecer en la entrada si serán 7 u 8 los clásicos que nos proponemos reseñar (se deja a elección de cada blog participante) y ese
será el número mínimo de libros a leer y reseñar a lo largo de 2022. Si
el participante no cumple el objetivo establecido desde el posteo de la
entrada, no se considera el reto como cumplido. Sobre los criterios, Paco siempre puntualiza que deja a criterio del participante qué libros considerar como clásicos e incluir por tanto en el reto (se mantiene 1980 como año tope de publicación original). Al tener que especificar desde el principio si serán siete u ocho las reseñas, nosotras nos ponemos como reto ocho.
Os animamos a que participéis; es una iniciativa fantástica.
Una vez más reunimos en una sola entrada las reseñas de los dos últimos meses. Sinceramente espero que en 2022 esto cambie y que la cantidad de entradas mensuales sea tan regular como para hablaros de ellas de mes en mes como era la intención inicial.
Son ocho entradas, cuatro de noviembre y cuatro de diciembre. Pinchando en la imagen accedéis directamente a la reseña en cuestión.
¡Un abrazo!
(por cierto, como varias personas ya me habéis preguntado, aviso que el lunes publicaré la 3ª edición del reto Todos los clásicos grandes y pequeños. ¡Mil gracias por el interés!)
Título original:Christmas:A short history from solstice to Santa
Autor:Andy Thomas
Editorial: Alma
Traducción: Daniel Montsech Angulo
Páginas:144
Fecha esta edición: 2021
Encuadernación: cartoné
Precio:15,95 euros Ilustración de cubierta: Jane Wooster Scott
Descubre la historia completa que hay detrás de las luces y el
espíritu navideño, sus curiosidades, así como los motivos que te
llevarán a entender por qué la Navidad sigue teniendo un especial
significado para todos nosotros.
Disfruta de este viaje por el
maravilloso mundo de la Navidad, desde las antiguas ceremonias que
celebraban el solsticio, hasta los festivales del Sol invictus y las
tradiciones festivas navideñas que se han desarrollado en todo el mundo.
Cada año llega la Navidad (y cada año lo hace antes, dicho sea de paso... un día de estos encienden las luces en agosto) con su ambiente, su espíritu, sus días señalados y sus tradiciones, y la aceptamos como una celebración que forma parte de nuestras vidas sin hacernos demasiadas preguntas sobre el origen de la festividad en sí misma ni su celebración o presencia a lo largo de la historia. Breve historia de la Navidad hace precisamente eso: un recorrido por la historia de la Navidad y sus muchas influencias, préstamos y antecedentes, además de explicarnos de donde viene la Navidad que hoy día celebramos y que poco o nada tiene que ver con los festejos de siglos atrás.
Antes de empezar, Andy Thomas, el autor, explica de donde viene la concepción y escritura de este libro. Thomas es un conferenciante habitual de fenómenos inexplicables e historias ocultas que ha crecido en un hogar donde las navidades se vivían a lo grande y donde leer Cuento de Navidad de Dickens cada Nochebuena era toda una tradición. Este amor por la Navidad y su faceta de ponente se unieron cuando se interesó por investigar el folclore tradicional asociado a estas fiestas y comenzó a dar también charlas y conferencias sobre la historia de la Navidad en los meses de noviembre y diciembre. Tanto le insistieron para que pusiera por escrito todo lo que contaba en esas conferencias que finalmente vio la luz este libro que hoy os traigo, en el que se tratan temas que nos resultan familiares y conocidos pero también otros muchos sorprendentes y curiosos para un lector del siglo XXI.
El libro está estructurado en siete capítulos, y dado que me resulta totalmente imposible trasladar todo lo que en él se cuenta tal y cómo se cuenta, os voy a nombrar cada uno de ellos describiendo brevemente su contenido.
Comenzamos con La Navidad en la antigüedad, que comienza recordándonos que antes de que la Navidad fuese la Navidad, se celebraban festivales de invierno alrededor del 25 de diciembre. Empezando por el solsticio de invierno y las Saturnales romanas pasando por el festival del Sol Invictus (que se cree son la principal influencia de la Navidad antes de que entrase en escena el Yule germano), llegamos hasta los orígenes de esa simbología tan presente hoy en día como el pesebre y el establo y los Reyes Magos. Curiosidad: en ninguna parte de la Biblia se nombra el famoso establo ni se dice cuántos Reyes Magos había... por no ser, no eran ni Reyes, solo Magos. Más cosas: la estrella de Belén (sobre la que hay todo tipo de especulaciones) o la importancia de la Epifanía el 6 de enero, que hubo un tiempo en que fue una celebración más importante que la del 25 de diciembre. Me encantaría daros explicaciones sobre todas estas cosas pero es que ya estoy viendo que la reseña me va a quedar larga, así que solo dejo constancia de los temas que se tratan y sigo (aunque no puedo dejar de nombrar un dato que me ha llamado mucho la atención: el primer belén viviente del que se tiene constancia fue montado en 1223 por san Francisco de Asís, nada menos).
Seguimos con Los comienzos de la Navidad, porque es de esas cosas que nunca nos preguntamos... ¿desde cuándo se considera el 25 de diciembre como la fecha de nacimiento de Jesús? Pues aquí tenemos la respuesta: desde el 354. d.C., en el que se establece que ese día no solo se celebra el cumplealos del dios Sol Invictus sino el nacimiento de Cristo en Judea. El significado del Adviento, la decisión de que la Navidad conste de doce días (antes cada uno de esos días celebraban algo muy concreto aunque ahora solo nos queden los tres o cuatro días festivos que todos conocemos), la evolución de la Navidad desde la Alta Edad Media (con raíces precristianas de la que se derivan tanto jolgorio, tanta fiesta y tanto banquete), la importancia de las plantas en la Navidad medieval (que aunque todavía no tenía árbol navideño sí usaba el acebo o el muérdago) y sobre todo me ha llamado la atención el wassailing, costumbre navideña en el medievo que todavía se celebran en algunos pueblos británicos y del que se deriva nuestro actual brindis. También hay espacio para el origen de los regalos en estas fiestas o el día de San Esteban (tal y como se conoce en algunas zonas de España), que en tierras anglosajonas se conoce como Boxing Day (Día de las Cajas), cuyos varios supuestos orígenes no puedo enrollarme a comentar aquí.
Vamos que nos vamos, ahora toca La Navidad bajo amenaza. ¿Sabíais que hubo épocas en que se prohibió celebrar la Navidad en Inglaterra? Pues sí, entre Enrique VIII y su nueva iglesia anglicana y el surgimiento del movimiento puritano, que consideraba la Navidad una fuente de pecado (demasiados excesos), la Navidad estuvo en peligro de muerte hasta que llegó el puritano Oliver Cromwell con su guerra civil y le dio el carpetazo definitivo. ¿Una de las primeras consecuencias? Que el Parlamento prohibió por decreto la celebración de la Navidad tanto en Inglaterra como en sus colonias. Aun así siempre hubo rebeldes con causa que la celebraban a escondidas aunque las consecuencias si les pillaban eran muy graves (otra curiosidad: al protestante Martín Lutero le chiflaba la Navidad). En todo caso la Navidad siempre contó con muchos defensores en la sombra, y cuando se restauró la monarquía volvió la esperanza
En consecuencia, El regreso de la Navidad es el título del siguiente apartado. Con la subida al trono de Carlos II la represión comenzó a aflojar sus cuerdas y se tiene en constancia de que en 1662 volvieron a celebrarse los servicios religiosos navideños en Inglaterra. La restauración de la festividad tardó mucho más en llegar a las colonias americanas ("sorpresa" me he llevado al ver nombrado a Cotton Mather como uno de los grandes detractores de la Navidad... sí, ese Mather, el que se llevó por delante a medio Salem en sus juicios por brujería en el siglo XVII), donde no se reconoció oficialmente hasta mediados del siglo XIX.La lenta recuperación de la Navidad vino acompañada por el surgimiento de los villancicos (cuyos orígenes más remotos vuelven a llevarnos a Francisco de Asís... ), pero aun así no terminaba de resurgir, no se le daba importancia, y la llegada de la Revolución Industrial, cuyas maratonianas jornadas de trabajo impedían que las familias se reuniesen, no ayudó demasiado...
... hasta que a mediados del siglo XIX llegaron el príncipe Alberto y Charles Dickens. El renacimiento victoriano nos cuenta cómo primero el príncipe Alberto, tras casarse con la reina Victoria, se trajo las tradiciones de sus tierras germánicas a tierras inglesas y como las imágenes de la familia real alrededor de un árbol navideño popularizaron este adorno ya universal en nuestros días (no es que él llevará el primero árbol de Navidad a Gran Bretaña como se ha dicho, sino que, como digo, lo popularizó). Este capítulo habla mucho sobre los árboles de Navidad, las controversias que rodean su uso por el impacto medioambiental o las tradiciones asociadas a ellos. Las cenas de Navidad, el pudin de higos, el pavo, las postales navideñas (el primer modelo se imprimió en 1843)... y llegamos a Charles Dickens. Ya en Los papeles póstumos del club Pickwick (primer libro del autor) hay un capítulo dedicado enteramente a una celebración navideña en familia y todo el espíritu que rodea a ese capítulo tuvo su desarrollo en Canción de Navidad. No os voy a hablar en exceso sobre este libro, es de sobra conocido, pero Dickens dio un toque de atención a la sociedad de la época, le dijo que había mucha gente pasándolo mal y que la generosidad, la buena voluntad y la paz de espíritu eran el camino. Leer este libro junto al fuego en Nochebuena con toda la familiar alrededor es una de las tradiciones británicas por antonomasia, y el propio Dickens se pasó años haciendo giras y lecturas del libro en las semanas previas a las navidades. Hubiese dado lo que fuera por asistir a una de sus lecturas (o a alguna de las muchas que hizo de sus otros libros)... y en fin, que Dickens instauró la Navidad tal y como la conocemos, sin más.
Capítulo seis.... ¡Santa Claus! El año pasado os hablé de Una visita de San Nicolás, de Clement C. Moore (dejaremos a un lado las dudas sobre su autoría), publicado en 1823. Este fue el nacimiento físicamente hablando del icono que todos conocemos... no vestía de rojo, pero ya bajaba por chimeneas a pesar de sus redondeces corporales, y a partir de ahí vino todo lo demás. Aun así, los orígenes de Santa Claus y Papá Noel son muy diversos porque no, no son lo mismo... bueno, ahora practicamente sí, pero hubo un tiempo en que ambas figuras representaban cosas diferentes. Santa Claus fue acogido por los norteamericanos como figura derivada del Sinterklaas holandés, y Papá Noel es británico, pero al final ambos llegan en Nochebuena y en el imaginario colectivo se han convertido en lo mismo.
Y terminamos con el último capítulo, titulado La Navidad moderna, que se adentra entre otras cosas en cómo se vivieron las navidades en tiempos de guerra durante el siglo XX o como el White Christmas de Bing Crosby es el disco más vendido de todos los tiempos. Las compras de Navidad, la tristeza de aquellos para los que estas fechas les recuerdan a los que ya no están o lo que se encuentran lejos, la antiNavidad que muchas personas practican por convicción... este capítulo cierra poco a poco el libro y lo hace con nostalgia y esperanza pero haciendo un llamamiento a la quietud y al concepto de Navidad como un sentimiento y una elección: la Navidad puede y debe ser lo que cada cual quiera que sea, como quiera que sea y celebrada como se prefiera. Cada cual debe vivirla a su manera.
Voy terminando, pero sí quiero avisaros de que, aunque me haya enrollado mucho, solo os he lanzado titulares, porque lo realmente importante de este libro es todo lo que explica sobre cada una de esas cosas de manera detallada, fácil y amena. Da muchísima información pero también va mucho al grano. El estilo es ágil, lo hila todo de manera muy ordenada y bajo mi punto de vista, no se deja nada en el tintero. No pretende redactar un tratado sobre las navidades, sino poner el foco en cada uno de los aspectos más importantes que engloban unas festividades con unos orígenes tan diversos como heterogéneos y contextualizarlos para que el lector sepa cada cosa de donde viene y por qué. A mí me ha parecido muy interesante, pero es que también soy muy curiosona y me encanta descubrir curiosidades y anécdotas sobre las cosas que me gustan.
Pero además de todo esto es que no puedo dejar de alabar la edición, preciosa desde su cubierta y repleta de ilustraciones, imágenes y fotografías antiguas. Yo soy muy navideña, ya desde el 1 de diciembre me dejo invadir por la magia de los calendarios de adviento que me encanta regalar y que forman parte de mis tradiciones humildes y sin muchas fanfarrias por estas fechas. Resultaba casi imposible que no me gustase este libro y me ha dado todo lo que le pedía e incluso más. Si tenéis que hacerle un regalo a un buen lector al que le apasione la Navidad todavía estáis a tiempo, que los Reyes Magos ya vienen de camino y todavía pueden añadir presentes de última hora. Os puedo asegurar que le encantará y se sorprenderá con muchas de las curiosidades que contiene... y vamos, que la superficial que hay en mí no puede evitar añadir que es de esos libros que son bonitos para regalar, sin más.
Andy Thomas es un autor y conferenciante británico experto en folclore, historia y teorías de la conspiración. Ha realizado numerosas apariciones en la radio y la televisión, incluyendo la BBC, NBC, National Geographic y History Channel. Es conocido tanto por sus entretenidos libros como por sus ponencias, que invitan a la reflexión y que imparte ante todo tipo de audiencias tanto en Gran Bretaña como en el resto del mundo.
Título original:Der satanarchäolügenialkohöllische Wunschpunsch
Autor:Michael Ende
Editorial: Anaya
Traducción: Marinella Terzi y Jesús Larriba
Páginas:224
Fecha publicación original: 1989 Fecha esta edición: marzo 2013
Encuadernación: rústica con solapas
Precio:9,95 euros Ilustración de cubierta: Mónica Armiño
Belcebú Sarcasmo y Tirania Vampir se disponen a preparar un ponche "genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso" para celebrar el año
nuevo, un tipo de brebaje muy apreciado en los círculos de brujería por
su gran poder. Con este ponche, todos los deseos que pidan antes de las
doce de la noche se cumplirán pero al revés. Es decir, que si piden que
haya paz, habrá guerra. Pero el gato de Sarcasmo y el cuervo de Vampir,
que escuchan lo que se está tramando, buscarán una solución al maleficio
para que el brujo y la bruja no se salgan con la suya.
Último día del año y con esta reseña pongo también fin a otro de los proyectos conjuntos que he emprendido en este 2021, en este caso junto a Mónica (Serendipia). El proyecto de las Hermanas Fatídicas nació por el gusto de ambas por la literatura con brujas como personajes (ya fuesen principales o secundarias, ya se tratase de brujas de ficción o del término bruja en la no ficción) y por la enorme cantidad de libros pendientes en la estantería que trataban sobre ese tema. Aunque ha sido un reto con libros más o menos fijados todos los meses, diciembre quedó desierto para escoger de manera libre la lectura en cuestión, y yo me decidí por El ponche de los deseos, de Michael Ende, el autor (casi podría ponerlo en mayúsculas) de mi infancia.
¿Por qué he dejado esta entrada para el último día del año? Porque la historia que narra El ponche de los deseos transcurre precisamente a partir de las 5 de la tarde de un 31 de diciembre, y me hacía gracia colgar la reseña a esa misma hora de ese mismo día. Curiosamente me he encontrado con dos novelas este año que se ambientaban justamente en el cambio de año y me ha tocado decidir sobre cuál de las dos opinar... la otra era más Netherfield, más lo que podríais esperar de mí, pero El ponche de los deseos también es muy yo porque empecé a ser lectora apasionada gracias a este autor siendo muy, muy pequeña. Resumiendo, no es muy Netherfield, pero sí es muy MH.
Al lío. Estamos en las horas previas al cambio de año. ¿Ubicación? Villa Pesadilla. ¿Quién vive ahí? El Consejero Secreto Doctor Profesor Belcebú Sarcasmo, un mago científico. ¿Objetivo en la vida? Llevar a cabo experimentos malosos y dañinos que maten animales y destrocen la naturaleza. ¿Quién es su mentor? Nada menos que aquel con quien comparte nombre pero, a la firma del contrato, Belcebú le impuso que antes de terminar el año tenía que cumplir varias condiciones (exterminar diez especies animales, contaminar cinco ríos, provocar la muerte de diez mil árboles, etc...). ¿Qué ha pasado? Pues que ha llegado el 31 de diciembre y el señor Sarcasmo no ha cumplido ni la mitad de la mitad. ¿A quién le echa la culpa? A un gato que se presentó en su casa por sorpresa y que él sabe que es espía del Consejo de Animales, con lo que no puede actuar con libertad. ¿Consecuencias? Pues muy chungas: si antes de la medianoche no ha cumplido su contrato, será embargado por el enviado del demonio. ¿Tiene salvación? Eso parece cuando se presenta en su casa su tía, Tirania Vampir, bruja multiplicadineros (especialidad nigromántica que permite producir dinero a voluntad) que se trae algo entre manos que puede acabar con el mundo tal y como lo concemos. ¿En manos de quién está entonces la salvación de la humanidad? Pues del gato espía, Maurizio, y un cuervo, también espía, llamado Jacobo Osadía. Saben todo lo que se proponen estos dos malajes, pero solo son un gato y cuervo contra una magia todopoderosa. ¿Conseguirán detener el fin del mundo antes de que suenen las campanadas?
No os voy a negar que volver a leer a Ende me daba mucho respeto, porque a pesar de que La historia interminable, y sobre todo Momo, fueron mis lecturas ininterrumpidas durante mucho, mucho tiempo (cada mes leía uno alternativamente... terminaba uno, empezaba otro, y vuelta a empezar), no me he atrevido a leerlos en edad adulta por temor a que se me caiga el pedestal en que los tengo. Quiero releerlos, lo haré, pero siempre lo dejo para otro momento. Así que me apetecía mucho leer El ponche de los deseos pero dudaba... ¿seguiré conectando con el mundo de Michael Ende ahora que soy vieja pelleja? La respuesta es un sí rotundo. He disfrutado muchísimo de la historia, de esa inteligencia que siempre predomina en sus tramas, de ese humor y ese ingenio que pululaban sin adolecer de exceso ni pecar por defecto, de esos personajes con los que resulta fácil empatizar y que aunque sean malos los asumes y los acompañas y, sobre todo, de esa verdad absoluta sobre los lectores jóvenes que Ende comprendía a la perfección y que muchos otros autores ni entienden ni saben trasladar a sus novelas: un lector joven no es un lector ingenuo ni tonto y hay que tratarlo con el mismo respeto que a un lector adulto. Las novelas de Ende derrochan ese respeto por el público al que van dirigidos, y es algo que se percibía de igual manera hace 30 o 40 años cuando fueron escritas que ahora. Ya quisieran muchas novelas cumplir los años igual de bien que las novelas de este autor alemán.
Por lo demás, no os quiero desvelar sobre la trama mucho más de lo que ya os he revelado en la sinopsis. Tenemos un mago científico y una bruja multiplicadineros, ambos malos malísimos y destructores de todo lo bello de este mundo pero con una cruz sobre la cabeza: deben cumplir lo firmado en sus contratos con los mentores del infierno antes de que suenen las campanadas de fin de año si no quieren pagar las consecuencias. Para ello intentarán realizar un ponche mágico que solo funciona en la noche de San Silvestre. ¿Por qué? Porque es el momento justo intermedio de las doce noches que hay entre Navidad y Reyes, que como todo el mundo sabe es cuando están sueltas todas las fuerzas de las tinieblas. Su preparación llevará unas cuantas horas y sus efectos serán devastadores, pero ahí están nuestros héroes, un gato mimado y sobrealimentado y un cuervo con mucho mundo pero sin plumas, para acabar con sus planes. Como no podía ser menos, entre diálogos ingeniosos, pullas insolentes y dos personajes malvados que no se fían ni un pelo el uno del otro, tenemos valores como la amistad, aceptarse a uno mismo tal y como es y no desfallecer nunca aunque las cosas vengan mal dadas. Los valores y los fines didácticos siempre están presentes en las obras de este autor aunque muchos no les den la importancia que merecen.
Por cierto, si tenéis curiosidad por saber cómo se llama ese ponche, ahí lo lleváis:
Ponche genialcoholorosatanarquiaqueologicavernoso
Y para que no penséis mucho, que estamos en la última noche del año y cuantos menos esfuerzos, mejor, os digo todas las palabras que incluye:
En fin, que a mí me ha gustado mucho, lo he leído en dos sentadas, confirmo mi adoración por Michael Ende aunque pasen muchísimos años entre lectura y lectura y me encanta que el broche al reto de las Hermanas Fatídicas sea con un libro como este. Si sois de los que no tenéis reparos en leer literatura infantil o juvenil y os gusta el corte fantástico con un toque de humor, es una lectura muy recomendable.
Y termino dando las gracias a Mónica por su paciencia y comprensión. A partir de agosto he llevado este reto como he podido y ella me ha dado toda la libertad del mundo para no agobiarme en el proceso, así que mil gracias. No descartamos en absoluto volver otro año con un reto brujil como este (a mí desde luego me quedan pendientes en la estantería sobre el tema como para cubrir otros doce meses), pero no será en 2022.
¡Feliz año a todos! ¡Y cuidado con los ponches que cumplen los deseos al revés!
Michael Ende es uno de los autores de literatura infantil y juvenil más
importantes del siglo XX. Nació en Baviera en 1929 y murió en Stuttgart
en 1995. Su infancia estuvo marcada por la influencia de su padre, Edgar
Ende, reconocido pintor surrealista, y por el círculo de pintores y
artistas que frecuentaba su padre. Durante la Segunda Guerra Mundial
desertó del ejército nazi. El éxito le llegó con la novela Jim Botón y Lucas el maquinista, pero es conocido sobre todo por sus novelas Momo y La historia interminable.
En la Biblioteca Internacional de la Juventud de Múnich existe un museo dedicado a él desde 1998.
Fecha publicación original: 1848 Fecha esta edición: noviembre 2020
Encuadernación: cartoné
Precio:15 euros Ilustración de cubierta e interiores: Oriol Malet
Esto es un cuento de Navidad, pero no es precisamente un cuento de
hadas. Dostoyevski no escribía cuentos de hadas, o cuando lo hacía era
para transformarlos completamente y ponernos frente a lo peor de nuestro
mundo. Esta historia viene cargada de humor y acidez, y también de una
violencia soterrada ―violencia de clase y de género― de la cual no nos
hemos librado.
El año pasa volando, y hoy os traemos la última entrada correspondiente al proyecto de Reseñas Cruzadas que comenzamos Undine y yo allá por el mes de enero. Es el único libro que no habíamos anunciado con antelación pero las fechas invitaban a que su temática fuese navideña. Con ese propósito escogimos Un árbol de Navidad y una boda, de Fiódor Dostoievski (del que se celebra este año el bicentenario de su nacimiento)... y sí, transcurre en Navidad, pero que la temática sea navideña es bastante más discutible.
Haciendo cuentas esta es la segunda ocasión en que Dostoievski visita Netherfield, la primera de ellas este mismo año cuando os hablé de Noches blancas, que no solo comparte año de publicación con Un árbol de Navidad y una boda (1848), sino que ambas vieron la luz en la misma publicación, Anales de la Patria, revista literaria rusa que contaba a menudo con la participación de Dostoievski y que puso fin a su andadura en 1884. En cualquier caso, ambas historias son totalmente diferentes tanto en el tono como en el contenido, y no, tal y como os decía no estamos precisamente ante una historia bonita navideña llena de buenas intenciones y mejores deseos. Más bien lo contrario.
Un árbol de Navidad y una boda es un relato muy, muy breve de apenas unas páginas, así que cuesta esbozar su argumento sin desvelar más de la cuenta. Os puedo decir que tenemos un narrador que hace unos días vio una boda (primera frase del relato, no destripo nada), lo que hace que recuerde una víspera de Año Nuevo de unos años atrás. Estaba en una fiesta en la que se sentía cohibido y donde apenas conocía a nadie, e hizo lo que se suele hacer en estos casos: buscar un sitio tranquilo en la que aislarse del mundanal ruido. Y es en este lugar donde fue testigo invisible de una escena bastante incómoda a ojos del lector del siglo XXI que sin embargo era el pan nuestro de cada día en la clase media-alta rusa del XIX. Sus protagonistas son dos niños (chico y chica) y un señor maduro y en extremo desagradable que cree que nadie más está presente en la estancia.
Claro, ahora viene lo peliagudo. No os quiero decir más de lo que ya os he dicho (es que no se debe decir mucho más), ¿pero cómo os hablo entonces de los temas que trata el relato? Porque cualquier cosa que diga destripa lo que ocurre en ese salón. Y me parece importante no desvelar nada porque igual que yo me he sorprendido al leer el relato (no esperaba para nada su contenido), creo que cualquiera que decida leerlo debe acercarse a él en la misma ignorancia argumental.
Quien conoce un poco a Dostoieviski y su literatura sabe que el eje sobre el que orbita toda su obra es el de la condición humana y social en todos sus aspectos y aristas, que acomete desde puntos de vista tanto psicológicos como filosóficos y éticos, y el Dostoievski de narración corta trata temas igual de duros e incómodos que el de su narrativa larga. Un árbol de Navidad y una boda es un buen ejemplo de ese espíritu crítico hacia la sociedad de su época y unas costumbres que le repugnaban pero contra las que nada podía hacer, y el propio devenir del relato da buena muestra tanto de la reprobación como de la inevitable resignación. Que los protagonistas de la escena crucial de esta historia sean Yulián Mastákovich (un hombre maduro invitado a la fiesta) y una niña de once años (en cuya casa se celebra dicha fiesta) ya invita a visualizar una imagen perturbadora, inconveniente y embrazosa sea cual sea el contenido de esa escena. La sinopsis editorial es muy vaga (por lo mismo que os digo arriba, hay que serlo si se quiere abrir el libro y sorprenderse con su contenido) pero hace referencia muy acertadamente a una violencia soterrada; así es como se siente el lector al leer lo que ocurre en estas páginas: violento por lo espinoso de lo que en ella se plantea.
Pero es que además de esa niña de once años os decía que también está presente un niño. Este niño es hijo de la institutriz de la familia, y sobre él recae otra dosis de la crítica que Dostoievski vuelca sobre la historia. Más de lo mismo, poco os puedo decir salvo apuntar que los regalos que hay en ese árbol de Navidad del título para los niños presentes en la fiesta apuntan con el dedo a la pobreza moral de la alta sociedad, la diferencia de clases y la discriminación social. La trama, tan breve como contundente, gira en torno a estos dos niños, que tienen el dudoso honor de cargar a sus espaldas con dos de las muchas injusticias sociales e hipocresías morales que de una manera u otra denunciaba su creador.
Pero llegados a este punto (quiero desvelar tan poco que no sé si estoy transmitiendo correctamente lo que quiero decir), debo hacer una aclaración (que os veo ya corriendo asustados en dirección contraria al relato). Os decía arriba que Dostoievski hablaba de todo aquello que le obsesionaba ya fuese en narrativa corta o en narrativa larga, pero en la corta se permitía el capricho de introducir un elemento que en la narrativa larga solía brillar por su ausencia: el humor. No estoy hablando de soltar carcajadas ni de un humor divertido y travieso, sino de un ingenio sutil que aligera en cierto modo la gravedad del asunto que está tratando. Resulta ácido porque realmente es la reacción sarcástica e incrédula hacia algo que le enfada y le indigna, pero al tiempo es tan inteligente y lúcido en el modo de plantearlo que atenúa la mordacidad a base de temperamento y carácter. No es un dramón con patas, para que nos entendamos. Lo que cuenta es embarazoso y delicado, pero lo hace de tal manera y con tanto ingenio que incluso consigue hacerle pasar un mal rato sin complejos a ese personaje sobre el que carga las tintas.
¿Qué podéis esperar entonces de Un árbol de Navidad y una boda? Pues un relato muy ruso en cuanto al genio que gastaban estos señores para contarlo todo en apenas unas páginas. Eran unos maestros de la narración corta y yo no me canso de repetirlo. No esbozaban la historia, la desplegaban en todo su esplendor sin dejar ni una sola arista al descubierto. Pero además podéis esperar a Dostoievski, ni más ni menos, que es como decir que podéis esperar siempre lo más excelso sin importar la lectura que tengáis entre manos. Lo que no debéis esperar es una historia navideña si a tal descripción asociáis una historia bonita y tierna. Los elementos están (tenemos el árbol, tenemos la Nochevieja, tenemos los niños, tenemos los regalos...), pero Dostoievski tenía cosas más importantes que contar que un relato lleno de buenos sentimientos y gran corazón. ¿Recomendable? Sin duda alguna, pero no dejéis que os destripen el meollo de la trama. Y a todo esto os estaréis preguntando a qué viene la boda del título... pues no seré yo quien os saque de dudas.
Sé que Undine os hablará mucho más a fondo del autor, del contexto social de la época y de los entresijos de la historia, así que yo por mi parte lo dejo aquí, pero no quiero terminar mi andadura en las Reseñas Cruzadas sin darle las gracias a Undine por permitirme acompañarle estos doce meses en los que hemos corroborado lo que ya sabíamos: que somos gemelas en cuanto a gustos literarios (salvo en uno de los doce libros, que llevo clavado como una espina porque sé que no era su momento)aunque lo contemos todo de manera completamente diferente. Gracias por tu amistad incondicional (muy, muy anterior a nuestras respectivas aventuras blogueras) y perdóname por bajarme del carro... las pilas no me llegan. Te admiro y te respeto muchísimo, ya lo sabes.
Fiódor Dostoievski (Moscú, 1821 - San Petersburgo, 1881). Novelista
ruso. Educado por su padre, un médico de carácter despótico y brutal,
encontró protección y cariño en su madre, que murió prematuramente. Al
quedar viudo, el padre se entregó al alcohol, y envió finalmente a su
hijo a la Escuela de Ingenieros de San Petersburgo, lo que no impidió
que el joven Dostoievski se apasionara por la literatura y empezara a
desarrollar sus cualidades de escritor. En 1849 fue condenado a muerte
por su colaboración con determinados grupos liberales y revolucionarios.
Tras largo tiempo en Tver, recibió autorización para regresar a San
Petersburgo, donde no encontró a ninguno de sus antiguos amigos, ni eco
alguno de su fama. Su obra, aunque escrita en el siglo XIX, refleja
también al hombre y la sociedad contemporánea.